Ahi vamos supone un regreso. La vuelta de Gustavo Cerati con su mejor disco. Con ese "pulso rockero" (como la crítica definió al unísono) que hizo al vigor memorable de Soda Stereo. ¿Acaso lo único que hacía falta para callar a sus detractores incondicionales era subir el volumen y afilar sus canciones?
En su última encarnación, como guerrero eléctrico, el rockero abandona lo que se le objetaba como pose (ese desapego cool frente a la audiencia) y se muestra verborrágico, vital y con ganas de sacudirse en el escenario. En concordancia con la vibra que despide su última producción (menos digital, más sanguínea), el ex Soda hizo la correspondiente presentación oficial en cinco Obras agotados.
Transportando la tapa de Ahí vamos, la silueta de Cerati aparece recortada por un haz de luz sobre un telón y, así, el guitarrista da un categórico inicio: seis temas de la nueva placa encienden el estadio sin haber rotado más que entre quienes compraron el álbum. El músico llega a su plenitud como performer,a todo volumen y ensamblado en una banda de primer nivel, con RichardColeman en guitarra y coros, Fernando Samalea en batería, Fernando Nalé en bajo y Leandro Fresco en teclados y sintetizadores (más Capri como invitado esporádico).
Mientras pasa por "Av. Alcorta", de Amor amarillo y "Tu medicina", de Colores santos –el disco que compartió con Daniel Melero–, Cerati se ríe, charla con el público sobre el Mundial y hasta se permite chascarrillos malos ("Richard y yo estamos muy compenetrados con el fútbol por Sa-viola").
El show se completa con versiones altamente distorsionadas de "Engaña" y, ya en los bises, con "Paseo inmoral" (que concluye con un fragmento fugaz de "The Jean Genie" de Bowie). No faltaron los hits "Puente", "Cosas imposibles" y el reciente "Crimen", tal vez el más grande de su camino en solo.
El flashback a Soda quedó reducido a "Té para tres", "Planta", "Ecos" (tema de Fricción, la banda de Coleman y Samalea, en la que también militó Cerati) y una sobrepotenciada "Toma la ruta", en la que luce su magistral habilidad con la guitarra. La audiencia pide, a esta altura por inercia, "Sodaaa, Sodaaa". El está harto, suele decir. ¿Qué otra cosa puede hacer? Probablemente su público jamás deje de clamar por aquella banda y la siempre desmentida reunión, pero hoy nada de eso es necesario.
GABRIEL ORQUEDA

