Último momento

 

Leer en

 
01.08.2006 | 00:00

Pirata del asfalto

En su camino a la gloria de Hollywood, Johnny Depp pegó un timonazo. ¿Cómo enterró su carácter salvaje para convertirse en el bucanero más adorable de los siete mares?

En una reciente tarde del verano boreal, Johnny Depp entra en una lujosa suite del Chateau Marmont de Los Angeles. Extrañamente, está vestido como un pirata. Alrededor de la cabeza tiene un gastado pañuelo de arabescos. Pedacitos de tela cuelgan de su cabello y varios de sus dientes están forrados de dorado. Su remera suelta y blanca, con rayas azules horizontales, podría ser más de marinero que de pirata, pero definitivamente pertenece a la familia náutica.

Deberíamos señalar que Depp no viene directo del set de filmación de su última película, Piratas del Caribe 2, en la que vuelve a hacer el papel del extravagante capitán pirata Jack Sparrow. Tampoco viene de la sesión de fotos para esta revista. Cuando le menciono este hecho a Gore Verbinski, director de saga Piratas (que incluye una tercera que ya está en proceso), no manifiesta ninguna sorpresa. "Ese es el Johnny que yo conozco", me dice Verbinski. "Siempre es medio Jack." Depp dice: "Me cuesta mucho dejar a mis personajes. Con el capitán Jack, cuando terminamos de filmar la primera película, tuve la sensación de que lo vería otra vez, no lo sentía como una despedida. Al final de la tercera, estoy seguro de que será diferente. Pero siempre es muy duro".

A los 43 años, Depp parece poco cambiado por el tiempo. Su rostro sigue siendo infantil. Y todavía se lo ve cómodo bajo la luz. Habla en voz baja, e incluso cuando se ríe sus ojos se encienden de un modo que sugiere amor por la malevolencia; su tono es cauteloso y su lenguaje corporal reservado.

Depp nunca quiso ser una estrella de cine. Actuar, al principio, era sólo un trabajo que hacía para conseguir el dinero para pagar el alquiler, mientras trataba de obtener un contrato para su banda. La apariencia de Depp hizo que su triunfo en Hollywood fuera inevitable. Pero aún no podía preverse con facilidad la magnitud del éxito que le tocaría. Es una gran historia: el ex ídolo adolescente se rebela contra el sistema estelar de Hollywood y se transforma en uno de los actores de su generación más desafiantes y excéntricos de la pantalla grande.

Al principio, parecía que Depp tenía una habilidad para elegir proyectos inteligentes y no convencionales. Para su primer protagónico, Cry Baby, de John Waters (1990), Depp burló su fama de rompecorazones encarnando una versión extrema de sí mismo. Desde entonces, en general, interpretó marginales: Edward Scissorhands [El joven manos de tijeras], Ed Wood, el álter ego de Hunter S. Thompson, Raoul Duke, en Pánico y locura en Las Vegas. Más recientemente, Depp ha demostrado que puede elegir películas potencialmente horribles y, con sus brillantes actuaciones, convertirlas en algo grandioso. Ejemplos: Erase una vez en México o El mariachi, de Robert Rodriguez, un film violento hasta la caricatura que se ve redimido por el taimado e hilarante Depp, en la piel de un agente encubierto y corrupto de la CIA. También estuvo, el año pasado, en la remake innecesaria de Charlie y la fábrica de chocolate, de Tim Burton, en la que hizo de un Willy Wonka siniestro que recordaba a otro amante de niños que usa guantes. ("Michael Jackson nunca entró en mi cerebro", insiste Depp. "Más bien pensaba en Howard Hughes, o en Brian Wilson cuando puso un arenero en su casa.")

Pero el ejemplo más impresionante es Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra, un éxito del productor Jerry Bruckheimer del verano boreal de 2003, basado en un juego de Disney. No había motivos para que este film no fuera horrible. Y aun así, Depp, sintonizando con astucia a Keith Richards, le robó la película a los protagonistas del romance, Orlando Bloom y Keira Knightley, y conquistó a los escépticos con una actuación brillante y estremecedora. El film llegó a facturar 653 millones de dólares, y la secuela de esta temporada –sorprendentemente, la primera secuela que Depp hace en su vida– ya tiene el éxito asegurado. Se dice que Depp obtuvo 20 millones de dólares por cada trabajo en las dos secuelas de Piratas. "Alguien me preguntó el otro día si este personaje es distinto de los demás que interpretóJohnny", dice Verbinski. "El siempre hizo lo opuesto del estereotipo; eso es lo suyo, el modo en el que evitó ser encasillado como un galancito. Siempre fue Bud Cort, nunca Clint Eastwood. Siempre hay una internalización, en la que él se retrae y mira todo. Pero Jack Sparrow es un charlatán, un tipo de grandes discursos, que se hace notar. Y así realizó esta virtuosa actuación."

Hoy en día, Depp y su familia –su compañera desde hace años, la cantante y actriz francesa Vanessa Paradis, de 33 años, y sus dos hijos, Lily-Rose, de 7, y Jack, de 4– siguen dividiendo su tiempo entre el sur de Francia y Los Angeles, aunque desde febrero de 2005 viven principalmente en Los Angeles, donde comenzó la filmación de la segunda Piratas. Piratas del Caribe III, que saldrá el año que viene, comenzará a filmarse en agosto, con la promesa de la aparición del propio Richards, ya por suerte recuperado tras caerse de una palmera en Fidji y someterse a una cirugía por heridas en la cabeza. Depp dice: "No tuve que convencerlo. Le dije: «Como quieras, pero creo que la pasaríamos bomba»".

–¿Estuviste en contacto con Keith?

–No directamente, pero sí con su asistente. El está bien. Es...

–¿Indestructible?

–Sí. Una máquina.

–¿Lo conocés desde hace mucho?

–Creo que nos conocimos en el 94 o 95. Como para cualquiera que alguna vez tocó la guitarra, Keith era uno de mis dioses.

–¿Alguna vez tocaste con él?

–No. No tengo la clase de pelo que me permitiría agarrar una guitarra y empezar a rasguear. Nunca tuve tanta seguridad, ni estuve tan borracho. Simplemente no pude hacerlo. A menos que me lo pidiera. En ese caso, tal vez sí.

–Me pregunto qué habrás pensado cuando te contaron el argumento de Piratas. Porque en teoría suena como una idea espantosa.

–En teoría tenés razón. Tiene todos los rasgos de una pesadilla.

–¿Entonces por qué le diste una chance?

–Absolutamente nada, sólo el instinto. Estaba en una reunión con Disney. Me habían ofrecido otra película, y yo la estaba recha zando. Pero mi hija, que entonces tenía unos 3 años, y yo veíamos todos los dibujos animados de Disney que existían. Me sentía muy cerca de esas películas y disfrutaba el hecho de que esos personajes animados no tuvieran límites. Entonces, les estaba diciendo lo mucho que me gustaría hacer la voz de un chico en una película, y ellos dijeron: "¿Conocés el tema de los parques y los juegos? Bueno, estamos pensando en hacer Piratas del Caribe como película". Y yo les dije: "Cuenten conmigo". Fue así, inmediatamente. Mi agente estaba allí sentado, y se sorprendió muchísimo. Yo mismo estaba sorprendido.

–Parece un movimiento inusual en vos, porque siempre, a lo largo de los años, elegiste películas muy poco mainstream.

–No sé por qué dije que sí. No pensé: "Tengo que hacer una película comercial". Nunca fui la clase de tipo del que se pueda predecir: "Este hijo de puta se va para arriba" o "Este se está tirando al vacío". Y hasta la mitad del noveno round, todos, incluyendo Disney, pensaban: "Esto va a ser un enorme fracaso". Después, cuando me dijeron que tenía que aprobar mi imagen en las cajas de cereales, tampoco me sentí incómodo. Para mí no fue como venderse. Era como si me hubiera infiltrado en el campo enemigo y hubiera plantado mi bandera, y ahora echó raíces y yo estoy en el camino, así que veamos hacia dónde va. Mis amigos me decían: "Dios, hermano, ¿no es un poco mortificante?". Y yo les decía: "¡Mierda, no! Para mí es genial. Es divertido".

–¿Sentís afinidad especial por los piratas?

–Bueno, junté toda clase de libros para prepararme. La investigación es al menos la mitad de la diversión. Es como estudiar para un examen de historia. La nutrición a bordo de esos barcos, eso me abrió mucho los ojos. Comían a la luz de las velas, bajo cubierta, y la comida se descomponía tanto

que tenían que apagar las velas para no ver los gusanos. Los barcos piratas eran una especie de prisión flotante, en realidad. Me empecé a meter en toda esa época, más allá de los piratas.

–Específicamente, ¿utilizaste algo de lo que aprendiste al interpretar a Jack Sparrow?

–En un momento, una parte de mi investigación llegó justo a tiempo, cuando estábamos rodando las últimas tomas de Piratas I, y tratábamos de encontrar una frase para cerrar. Ninguno estaba contento con lo que teníamos. La frase debía significar mucho para Jack. Entonces me acordé del pasaje de un libro de un marinero francés que había leído en el que hablaba de la idea de por qué seguir siendo marinero: porque el horizonte está siempre allí. Querés alcanzarlo, pero nunca zarpás desde allí. Es el tema de lo inalcanzable.

–¿Esa fue la frase final?

–[Piensa un rato, luego habla con la voz del capitán Jack] "Ahora traigan ese horizonte." Eso para mí lo decía todo.

–Cuando la gente habla de tu retrato de Jack Sparrow, generalmente nombran a Keith, pero también señalan algún rasgo gay solapado .

–Bueno, hay un gran libro que leí… ¿Cómo se llamaba? Sodomy and the Pirate Tradition [sodomía y la tradición pirata]. Un libro muy interesante. Yo no buscaba exactamente eso con este personaje. Y Keith no es extravagante en sus acciones. Keith es bastante sigiloso. Pero con Jack, me gustó más la idea de ser ambiguo, de tomar este personaje y volverlo un poco más... cuestionable. Porque se decía que las mujeres en los barcos eran mala suerte. Y estos piratas navegaban durante años. Entonces, ya sabés, hay una posibilidad de que una cosa lleve a la otra.

–Puede pasar.

–Estás solo. Tenés una ración extra de ron. [Se encoge de hombros.] "¡Timonel!"

Dos semanas despues, me encuentro con Jerry Bruckheimer y el editor de Piratas, Stephen Rivkin, en la sala de Disney en Burbank para ver una hora de escenas de la película. Nadie salvo Bruckheimer y los editores han visto aún el film completo, ni siquiera Depp, que, cuando le pregunto, dice: "¡Ni loco!", y luego agrega: "Les suplico y les aseguro: soy terminante en no ver las películasque hago. Y a veces lo entienden. Pero con Piratas, no veo escapatoria. Pero voy a estar bien". Y después agrega: "O no". Bruckheimer, aunque a menudo es despreciado como productor de éxitos vacuos, parece genuinamente apasionado con esta película. Cada vez que Rivkin aprieta un botónen su computadora para saltear hacia delante una escena, Bruckheimer pacientemente se da vuelta y me explica lo que me estoy perdiendo, diciendo cosas como: "Ahora, Bootstrap Bill es el padre de Orlando". Para los fans de la primera Piratas –quienes, según mi propia encuesta, parece incluir a casi todos los que la vieron–, la secuela promete isleños ahorcados y asados sobre fogatas.

Una elaborada pelea de espadas de a tres, que va de la playa a una tumba y luego a la cima de la rueda de un molino. Depp le dispara a un mono y dice: "Superá eso". Un tesoro desenterrado contiene un corazón que todavía late, y el dueño del corazón, un espantoso monstruo deforme, lo quiere de vuelta.En el Chateau, toma algunas frutas, pero fuera de eso no toca la comida dispuesta para la entrevista. Antes de nuestro encuentro, mis amigos hicieron varias predicciones acerca de cómo sería Depp. Dijeron que bebería copiosas cantidades de vino (no lo hace, pero son las tres de la tarde), o que sería bastante petiso en persona (de nuevo, perdón, pero no), o que fumaría en cadena (ésta es verdad: cantidad de cigarrillos armados color chocolate oscuro).Depp se mudó a Los Angeles desde Florida –donde pasó la mayor parte de su infancia– a los 20 años. En esa época, tenía una esposa (Lori Anne Allison, de quien se divorció en 1985) y una banda, y su único sueño era tocar rock & roll; como guitarrista, no frontman. "Nunca quise ser el cantante", dice. "Nunca quise esa clase de atención." Depp hace una pausa para pensarlo. "Extraño", agrega finalmente.

–Debés conocer muchos héroes musicales. ¿En general es en el backstage de los shows?

–Las circunstancias siempre son diferentes. Como cuando conocí a Iggy Pop, a los 17 años, y mi banda era telonera suya en Gainsville, Florida. Yo quería conocerlo, y a la vez no quería. No quería ser uno de esos tipos que iban y le decían: "Me encanta tu música". Y esa noche estaba un poco ebrio, entonces empecé a gritar cosas obscenas en su dirección. El se me acercó y se puso como a un centímetro de mi cara y me dijo: "Soretito". Eso fue todo. Yo estaba feliz.

–Fue un gran encuentro.

–Yo estaba satisfecho. Porque había tenido un momento interesante con él. Lo vi de nuevo cuando hicimos Cry Baby.

–¿Le contaste que lo habías conocido antes?

–Sí, le pregunté si se acordaba, y él dijo: "No, hermano, seguramente estaba en peor estado que vos en esa época"

.–¿Cuán en serio te tomabas la música?

–Estaba convencido de que era lo mío. Seguía convencido de eso después de haber hecho un par de películas.

–¿Cuántos años tenías cuando te compraste una guitarra?

–Tenía 12... y un tío que era pastor, que también tocaba. Solía escucharlo. El era un verdadero predicador, que hablaba del fuego del infierno, de la maldición, de ese tipo de cosas. Luego empecé a escuchar a los Doors, los Stones, los Beatles, Aerosmith. Después llegué a los Clash y fue como: "Ah, ok". Mi primera guitarra era una cosa eléctrica muy barata que me compró mi mamá por 25 dólares. Desde entonces, no me acuerdo de la pubertad. Lo único que hacía era tocar la guitarra.

–¿Cuál fue el primer tema que aprendiste?

–Bueno, en ese momento uno trabaja sobre una cuerda, entonces mi primera canción, como la de todo el mundo, fue "25 or 6 to 4" de Chicago, o "Smoke on the Water". Después saqué "Stairway to Heaven". A los 16 o 17 ya estábamos de gira.

–¿A tu mamá le parecía bien eso?

–Sí, no tenía problema. Yo había dejado el colegio... como un idiota. La música era tan importante para mí, me sentía como en un santuario en ella, realmente a salvo, y en la escuela no.

–¿Recordás algún show en especial?

–Una vez fuimos teloneros de Chuck Berry, en Atlanta. En esa época, la mayor parte del tiempo él no tenía una banda estable de gira. Iba a una ciudad y ahí había una banda local. Yo creo que supuso que nosotros éramos su banda, entonces entró en nuestro camarín, apoyó la guitarra, yo me quedé helado. Tenía 17 años. El se echó hacia atrás y dijo: "¿Qué te pasa, cachorro?". Le dije: "Nada, nada". No me animaba a decirle que su camarín estaba arriba. Después le pregunté si quería que le afináramos la guitarra. Entonces tomamos esa maldita 335 roja y la afinamos.

–¿Cómo describirías el sonido de tu banda?

–Era un poco punk y pop, supongo. El sonido estaba entre The Clash y U2. Tocábamos con los Pretenders, los Ramones, R.E.M.

–¿Llegaron a estar cerca de tener un contrato discográfico?

–Estuvimos cerca cuando finalmente nos mudamos aquí, cuando yo tenía 20. Pero eran tiempos duros. Intentamos trabajar de cualquier cosa, como vender biromes. Toda la banda hizo eso. Después llegó lo de las películas.

–Sólo para hacer algo de dinero.

–Sí. Nic Cage era conocido mío. El había hecho Valley Girl, cosas así. Yo estaba llenando solicitudes de empleo en videoclubles, cualquier cosa. Nic me dijo: "Pienso que deberías conocer a mi agente". Ella me mandó a leer para un director de casting que trabajaba para Wes Craven, y ellos me contrataron para hacer Pesadilla.

–¿A tus amigos de la música les molestó?

–Uy, sí. Pero después, mientras yo hacía la película, la banda se separó. Entonces seguí yendo a audiciones. Para mí era sólo una manera de pagar las cuentas hasta que la banda volviera a juntarse o armara otra banda. Entonces llegó un punto, tal vez unos dos años después, en el que dije: "¿Sabés qué? Parece que la actuación es la avenida por la que estoy avanzando, así que probablemente debería investigar de qué se trata". Yo no era aficionado a las películas, para nada. Nunca me tomé en serio la actuación –todavía no lo hago–, pero empecé a considerar modos de hacerlo, a desarrollar un proceso.

–¿El mundo de la actuación te resultaba un poco convencional, viniendo de la música?

–Sí. La ambición era rampante. Lo jodido para mí era que entrabas en un lugar para una audición y había mala onda de pared a pared. En la esquina había un tipo diciendo: "Oh, mierda, hijo de puta", al ensayar. Y yo me sentía un completo estúpido.

–¿Por ser uno de ellos?

–Por ser uno de ellos. Lo odiaba.

–Aunque tal vez el hecho de no tomártelo en serio te dio más seguridad.

–Fue de gran ayuda. No sé si alguna vez tuve confianza. Siempre estaba más incómodo que los demás.

–¿Alguna vez hiciste alguna clase de treta de chico del rock en el mundo de la actuación? –No, pero me acuerdo de que cuando hice Pesadilla había una escena en la que tenía que sacarme la remera y veían mi tatuaje indio; era en 1984, y era: "¡Tiene un tatuaje! ¡Este chico tiene un tatuaje!". Estaban realmente enloquecidos con eso. Me dijeron: "¿Podés acostarte sobre el otro lado?". Ahora es gracioso pensarlo, fue un verdadero shock para ellos. Pero ahora todo el mundo, su mamá y su pez dorado están tatuados.

La segunda vez que nos encontramos, Depp no está vestido de pirata. Esta tarde tiene puesta una camiseta blanca metida dentro de un pantalón holgado, calzado un poco demasiado alto (al estilo de ciertos caballeros jubilados italianos), y un sombrero gris sobre el cabello extremadamente oscuro. Los dientes de oro siguen en su lugar. Depp se cansó de quitárselos, entonces se los pegaron a sus propios dientes hasta el fin del rodaje.

Estamos otra vez en el Chateau, pero esta vez en una cabaña, sentados cerca de una puerta corrediza que se abre hacia nuestro jardín privado. Es un hermoso día de verano, y la cabaña parece magnífica, como si no hubiera sido modificada desde los años 50. Depp sospecha que debe ser la misma cabaña en la que murió John Belushi. Le encanta la historia y la tradición de Los Angeles. "Hay lugares en el viejo Hollywood que son simplemente increíbles", dice mirando hacia fuera con expresión nostálgica.

Antes de conocer a la imponente Paradis en 1998, Depp salió con una serie de estrellas y modelos (incluyendo a Sherilyn Fenn, Winona Ryder y Kate Moss). Cuando aún era copropietario del club Viper Room de West Hollywood, sus compañeros de copas incluían a famosas y disolutas estrellas de rock (Gibby Haynes de Butthole Surfers, la frontwoman de Pogues, Shane MacGowan). Y siempre buscó a figuras veteranas, poco convencionales, para hacerse amigo, como Richards, Allen Ginsberg, Marlon Brando y, por supuesto, Hunter S. Thompson, a quien Depp retratará una vez más en el futuro film The Rum Diary. Es una adaptación de la primera novela de Thompson [Días de ron], detallando su vida como periodista en Puerto Rico a fines de los 50. Basada en una novela autobiográfica de Gregory David Roberts de la que Depp se enamoró, el film narrará la odisea de un drogadicto desde la prisión a los barrios bajos de Bombay. El director australiano Peter Weir había sido convocado para el proyecto, pero Depp no estaba contento con la mirada de Weir, que, según Depp, se alejaba demasiado del libro. Weir está afuera, y se busca un nuevo director.

–¿Pensaste mucho en cómo encararías el papel para The Rum Diary, ya que interpretaste a Hunter antes pero en un período muy distinto de su vida?

–Hunter siempre fue Hunter. No creo que necesite cubrir el territorio que cubrí en Pánico y locura…, pero este personaje definitivamente está relacionado con ese tipo.

–Me sorprendió saber que en un posible elenco para Pánico y locura –hace mucho, en los 70– estaban Jack Nicholson en el papel de Hunter y Marlon Brando como Dr. Gonzo.

–¿En serio? Te digo una cosa: yo habría visto esa película. Todavía seguiría viéndola. Sin parar. Dios, habría sido increíble. Sabés, siempre es divertido venir aquí al Chateau. Aquí es donde paraba Hunter cada vez que venía a la ciudad. En la habitación 59. Era el mejor amigo que uno podía tener. Era un gran amigo.

–Hacia el final, ¿estabas al tanto de su depresión y de lo que estaba atravesando? –Yo sólo sabía que tenía esos momentos, como todos nosotros. Hablábamos por teléfono

y sonaba como la mierda, pero después volvíamos a hablar y él decía: "Bueno, tenemos que hacer cosas juntos, va a estar bueno". Terminábamos con tono positivo.

–¿Te sorprendió su suicidio? –Sí y no. Me horroricé, pero el modo en que hizo todo fue absolutamente consistente. El nunca iba a ser el hombre que colapsara sobre su plato de sopa. Ese no es legado de Hunter. En ese sentido, había una especie de simetría. De algún modo tenía sentido para él. Yo fui con él a la gira de su libro The Proud Highway. El me había nombrado manager de gira y jefe de seguridad. Me presentaba como "Ray". Y la gente decía: "Es Johnny Depp". Y él decía: "No, su nombre es Ray".

–¿Te disfrazabas? –No, no tenía sentido. Pero durante esa gira, en San Francisco se puso muy mal. Tenía muchos dolores físicos. Se podía ver lo difícil que era manejar eso para él. Estuvimos en una habitación de hotel durante cinco días, él y yo solos.

–¿Cómo fue? –Fue genial en muchos sentidos. Fue como vivir en uno de sus libros. Era un personaje. Pero era duro verlo sufrir, porque él era del estilo de Robert Mitchum: un caballero grande, rudo, sureño y masculino. Pero incluso entonces, con lo mal que se sentía, la pasábamos bárbaro. El se burlaba de todo y lo sobrellevaba. Pero supongo que en cierto punto... No sé lo que sucede. El alcanzó ese punto. Todavía pienso en él todos los días, al menos dos o tres veces por día.

–La gente que piensa en vos y Hunter en un cuarto de hotel durante cinco días seguramente considere que consumían muchas drogas...

–Para nada. Nunca cometí el error que mucha gente cometía alrededor de Hunter, que era: "¡Vamos a drogarnos con Hunter Thompson!". Hunter les decía: "Ey, no hagan esto sólo por que yo lo hago. Te vas a arruinar". Y lo hacían. Cuando yo estaba con él, nunca me aventuré en ese terreno. En primer lugar, no me gustaba. Sólo me tomaba un vino, o algo así.

–Contaste que cuando eras adolescente consumías drogas. ¿Cómo fue tu relación con las drogas a lo largo de tu vida?

–Cuando era chico, en el sur de Florida, las drogas estaban por todas partes. Mis padres

atravesaron un divorcio muy feo, y eso fue sólo la dirección en la que fui durante un tiempo. No diría que fue excesivo, diría que fue como automedicarme. Para mí nunca tuvo que ver con la diversión. Tampoco la bebida, en esa época

.–Cuando estás acá, ¿extrañás Francia?

–Lo único que es muy distinto en Francia para mí es que el teléfono suena menos. Nunca tengo que pensar en las películas. El lugar donde vivimos, nuestro lugarcito, es muy simple, entonces pensás en las cosas que están a mano.

–¿Como la cena?

–En la cena, en jugar con los chicos, en cómo está el clima. Reviso el jardín. Salgo a caminar.

–La gente pareció hacer un gran escándalo por el hecho de que te mudaras a Francia. Fue interpretado como si mandaras al carajo a los Estados Unidos.

–Unicamente porque es mejor repetir esas cosas que simplemente decir: "El tipo ahí tiene un lugar, sus chicos nacieron ahí, ahí puede descansar". En cambio prefieren decir: "¡Abandonó los Estados Unidos! ¡Es un expatriado!". La verdad es menos interesante.

–¿Conocer a Vanessa te hizo pensar en la posibilidad

de vivir allí?

–Incluso antes de conocer a Vanessa, siempre me encantó Europa. Es una cultura

muy agradable, por la calidad de vida. Más relajada.

–Cuando estás en Los Angeles, ¿sentís nostalgia

de tus días más salvajes?

–No salía tanto como la gente cree. Cuando tengo una ráfaga de melancolía, siempre me lleva a los primeros tiempos, cuando vivía en un departamento minúsculo cerca del Hollywood Boulevard y no tenía un centavo. Y sólo caminaba. Tenía tanto más tiempo. Me pasaba horas en librerías de viejo. Esos días me dan nostalgia. Tal vez es el anonimato. O la inocencia. Porque no eran exactamente días grandiosos.

–¿Vanessa y vos se dan consejos de actuación?

–Muy pocas veces hablamos de trabajo o de las películas. Ella siempre me apoya mucho,

es muy amable con lo que hago. Y es incapaz de mentirme. Lo cual es muy bueno.

–¿Qué hacés después de terminar una película?

–Solía subirme al tren.

–¿Al Amtrak?

–Sí. Si estaba en Los Angeles, me iba al norte hacia San Francisco o a Seattle. Sólo para atravesar ese período. A veces puede ser deprimente.

–Marlon Brando fue como un mentor para vos. ¿Hablaban de la actuación?

–Una vez él me dijo: "¿Cuántas películas hacés por año?". Yo le dije: "El año pasado creo que hice tres". Y él me dijo: "No hagas tantas". Le pregunté: "¿Por qué?". Y él contestó: "Porque sólo podemos tener tantas caras en nuestros bolsillos".

–Hacia el final de sus días, cuando Brando hablaba de su trabajo, lo desestimaba mucho.

–El no lo veía como gran cosa. Era un tipo al que le había dicho "genio" desde 1947. Y yo creo que a él le interesaba infinitamente más la verdad.

–¿Podés verte a vos mismo desilusionado con la actuación de ese modo?

–No. Quiero decir, yo fui un poco amargo en mi carrera. Para mí no tenía sentido. Estaba

en un terreno en el que no había elegido estar. Y me convirtieron en este producto y todo creció como una bola de nieve, y yo no podía hacer nada al respecto. Y la reacción natural, para mí, fue oponerme. Por eso estuve un poco enojado durante un tiempo. Pero ahora no. Es un gran trabajo. Yo tuve realmente malos trabajos en mi vida. Y éste es uno muy bueno.

Mark Binelli