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¿Quieres ser Cielo Latini?

Escribir esa nota fue un suplicio, lo digo en serio. Las patologías de toda una familia (la de Cielo) se mezclaron con las patologías propias de una redacción (la mía) y conspiraron durante dos años contra la versión final de la nota, contra "Ana y sus hermanas" (ver RS 98). Rolling Stone quería tener el rostro de las Pro-Ana, un movimiento global que no tenía cara ni nombre: sólo millones de cuerpos adolescentes en un voto de castidad, en una huelga de hambre por alguna especie de placer y honor. "Por el orgullo anoréxico", dijo Cielo Latini cuando la encontramos. Llegamos primero, antes que cualquier otro medio. Dos años antes. Y eso es parte del asunto.

Cielo Latini, 21 años. Ese nombre, ese apellido y esa edad empapelan esta semana Buenos Aires desde la tapa de Newsweek argentina. También está en la portada de la revista Noticias y la veo y la escucho en prime-time: fue entrevistada por Mario Pergolini en Rock & Pop y, un día más tarde, Andy Kusnetzoff hizo lo mismo por Metro; fue a Mañanas informales en Canal 13 y hasta tuvo una propuesta para hacer la película de su vida, y no literalmente. ¿Por qué? Porque su libro "auto-biográfico" (Abzurdah, editado este agosto por Planeta) entró de pie a los tops de ventas de las principales cadenas de librerías y se convirtió en best-seller, a menos de dos semanas de su lanzamiento.

Ahora ella sale distinta en cada foto y eso le encanta a los productores de tevé. Seguramente, después de todo esto conseguirá un rinconcito en Pol-ka o Canal 9. Porque ahora está segura de que quiere ser escritora y a full con la promoción de Abzurdah, pero ya piensa en el próximo título de su contrato en Planeta: "Una ficción", dice ella.

Puedo decir que Ana, la diosa anoréxica, se paró frente a mí varias veces. Después de conocer a Cielo, la veía seguido, en todos lados. Me llamaba a las dos de la mañana a mi celular, con miedo y frío por el hambre acumulado de varias noches. Y yo estaba ahí. Seguido pienso que sólo sirve lo que hago si al protagonista le sirve para algo; para entenderse a sí mismo, pienso. Y pasaban los meses y la nota estaba ahí, en mi PC. Y Cielo repitiendo el ciclo suicida. Comencé a pensar que esa nota iba a ser su carta póstuma.

Su página, mecomoami.com.ar era censurada y, en horas, ella ya tenía otro hospedaje y lo hacía saber. Le dolía, pero era fuerte, se reponía. Su grupo de msn -que ahora es un flog, fotolog.com/abzurdah, donde ella, con la ayuda de cuatro personas más, desmiente a la Cielo de antes y promociona a la de ahora-, era entonces un club exclusivo de unas 60 amigas Pro-Ana (incluían a un hombre, gay), todas entregadas a la propaganda de su deidad; mientras algunas la acompañaban, otras comenzaron a seguirla.

"Todo sobre Ana", así como le puso a uno de los capítulos de Abzurdah, le iba a poner al doc por el cual terminó cesanteada en la Universidad Católica Argentina: se dieron cuenta de que la alumna Latini sabía demasiado sobre lo que estaba investigando cuando se tatuó "47 kilos" en el lado interno de su muñeca izquierda y se quiso morir.

Así y todo, Cielo era el reflejo mejor de un signo de estos tiempos: el anaísmo, el culto clandestino a la deidad del país de Nuncacomer. Cielo era increíble cuando estábamos juntos. Una vez fuimos a ver a Nightwish a Obras, la banda de metal gótico que encarnaba en Tarja Turunen, su ex vocalista (cuando lo vimos aún estaba en el grupo) la perfección gélida del movimiento Pro-Ana. Todos estaban de negro metal y, Cielo, de blanco Ala. y, para completar el cuadro, con una mochilita que ya debe haber archivado: un corazón rojo de charol con dos alitas blancas. La relación con ella, conmigo, con el texto mismo, se volvió cada vez más bizarra y enferma.

Conocí a Mabel Bello, la directora de Aluba, el oficialismo clínico en la cuestión. Pero la claridad llegó cuando vi a la psicóloga y escritora Silvia Fendrik. Ella fue mi ángel en esta historia. Fendrik, autora de Santa Anorexia y Viaje al país de Nuncacomer (dos libros esenciales para entender este "fenómeno" que lleva varios siglos en nuestra civilización), me recibió en su despacho/hogar en varias ocasiones. La última vez, le dejé un tape que era el germen del documental (que después fue Abzurdah, su libro; y ahora, me enteré, será un film. ver video). Fendrik llegó a una conclusión: "El discurso de Cielo es el típico discurso que le da de comer a Aluba".

Agradecí y me fui. a escribir. Cuando Cielo tuvo el libro en estado de post-producción me lo mandó. Yo le dije lo que sentí, le dije que el libro era malísimo. No por cómo estaba escrito sino por lo que yo esperaba de él. Supongo, porque la conozco, que se enojó. Muchísimo.

Cuando salió la nota, me escribió. Me dijo que le había gustado. Que veía las manos de mis editores en el texto, pero que le había gustado. La nota cubría la curva de tiempo completa: Una pieza periodística que empezaba pocos días después de su primer intento de suicidio y terminaba, dos años más tarde, con la protagonista redimida y semanas antes de ser transformada en best-seller. El último premio de un bingo (neo)menemista: La perfecta desconocida que se vuelve una famosa cara televisiva.

Ahora Cielo me pone en los agradecimientos de su libro. "A Juan Ortelli, que quiso contar mi historia desde hace tiempo". Así me guiña y se transforma contra su voluntad en ícono de algo que ya no profesa. Una lástima para la Cielo que yo conocí. Mejor para la nueva, creo. Puedo decir que aprendí algo esencial con todo esto: las historias hay que escribirlas en su momento, de lo contrario jamás sucedieron. ¿No, Cielo?

Por Juan Ortelli
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