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De alterlatino a cosmopolatino

Una silenciosa pero drástica revolución agita al rock en español. Desde la Latin Alternative Music Conference de Nueva York, pistas para entender el cambio cultural

Por Ernesto Martelli

Del subcomandante marcos agitando la selva Lacandona y sacudiendo a los universitarios de todo el planeta con su pasamontañas y sus promesas de gobierno horizontal a la consagración de la pintora bisexual Frida Kahlo agitando las subastas de Sotheby's y el esnob mercado del arte con sus visiones coloridas de América.

Así de drástica es la última revolución que vive el rock en castellano. Este rock, que se hace no sólo ya al sur del Río Grande sino también en España, Miami, California o Nueva York, asiste a un nuevo paradigma. Ahora, la relación con las raíces ya no se caracteriza por ser respetuosa ni culposa, como lo fue desde comienzos de los 90, tiempos del quinto centenario de la llegada de Colón, sino que sus elementos son usados como materia prima para crear nuevos sonidos y escenas. Mirado desde la Argentina: en los 80, Soda Stereo adaptó el carnavalito-reggae e inventó el mercado de rock latinoamericano con "Cuando pase el temblor" y su video de collas dark; en los 90, los Fabulosos Cadillacs llevaron la influenciade The Clash hasta cruzarse con Celia Cruz en "Vasos vacíos". Pero fueron los Kuryaki primero y Babasónicos después quienes dieron la patada final: las cadencias tropicales o mexicanas se mezclaban con la era de la electrónica, el sampler, el kitsch o el collage sónico.

Manu Chao, que acaba de terminar una exitosa gira por los Estados Unidos, se convirtió en artista bisagra y emblema: Clandestino es la banda de sonido de una generación de inmigrantes ilegales que llegan a los Estados Unidos o Europa desde los suburbios del mundo. Típicamente alterlatino. Pero su mezcla sonora, sus bases de dub, su fanatismo por la composición en fragmentos, por el rescate de ritmos populares, lo convierten en el puente hacia lo que puede oírse ahora mismo en el rock en español.

En México, Café Tacuba primero y Nortec Collective después, conformaron este mapa cosmopolatino: trascendencia global desde una mirada a la vez lúcida y desacralizada de las raíces. Ahí está el centro del debate: ¿qué hacemos con nuestras tradiciones culturales, musicales, en tiempos de globalización? La respuesta, parece, ya no es aferrarse a ellas de un modo conservador y ortodoxo, sino rescatarlas y traerlas al presente o, mejor aun, proyectarlas al futuro. Y si para eso hay que modificarlas, así será.

El camino, a su modo, había sido transitado por los géneros musicales latinos que se instalaron en el primer mapa de la globalización, entre 1930 y 1960, con la llegada de la industria del disco y sus sellos multinacionales. Ya el tango, la bossa nova y músicas del Caribe -como el merengue o la salsa (y Bob Marley más tarde)- habían llevado la América pobre al mercado global. Y son justamente esos fenómenos los que resuenan detrás de la novedad, mezclados con dub, R&B o música electrónica.

Mucho de eso pudo verse en el reciente LAMC, un ciclo de conciertos y conferencias organizado por Tomás Cookman en Nueva York, orientado a canalizar las producciones y debates más interesantes del costado alternativo de la música latina. La fecha de cierre del LAMC, un concierto gratuito en el Central Park, sirve de hoja de ruta: Cerati, Calle 13 y Mexican Institute of Sound, el dúo electrónico formado por un gerente discográfico y un director publicitario.

De modo que esta revolución silenciosano termina en el sur: ya impacta en la cultura norteamericana. Es un paso más complejo y rico que la world music. El movimiento cosmopolatino se vincula con músicos jóvenes que rescatan raíces propias pero las ponen a jugar en un contexto musical en que la última información y las tendencias culturales de las cosmópolis -el hip hop, el sampler, las técnicas del dub, la cultura clubber, el kitsch, el retro- sirven de plataforma sonora.

Durante la década del 90, en simultáneo con la crecida del capitalismo global, la música producida en estos márgenes tuvo el color de la resistencia. Al Clandestino de Chao, sumarle "Matador" de los Cadillacs, "Frijolero" de Molotov, "Emigrante" de Orishas y el Libertinaje de Bersuit. Hoy, mientras la región parece atravesada por discursos antiyanquis, la producción musical festeja la mezcla, la unión, el ida y vuelta de mercancías e influencias musicales con artistas símbolo, como los nombrados Nortec y MIS en México, Bajofondo en el Río de la Plata, Sidestepper en el Caribe colombiano, Novalima con los ritmos afro del Perú.

Acaso, otra vez, la música esté augurando el momento cultural que se avecina: estamos dispuestos ("si no queda otra...", dirán algunos) a relacionarnos con los poderosos, representados en los Estados Unidos, pero no lo haremos de cualquier manera. Puede hacerse desde nuestro idioma, nuestra tradición, nuestras músicas, nuestros instrumentos. Porque, la verdad: ¿quién quiere escuchar a un grupo latino tratando de sonar como U2?

Nuevas raíces

El mapa 2006 del rock en español En la Argentina y Uruguay es el tango y no el folclore la raíz sobre la que la nueva generación tomó partido para desplegar sus nuevos modos de producción. El movimiento urbano, orillero, se proyecta más allá de la electrónica en el disco Gran Hotel Buenos Aires de Federico Aubele, detrás de los pioneros Gotan Project y el Bajofondo de Luciano Supervielle. También habría que revisar los casos de Marcelo Fabián (cumbia en clave clicks & cuts) y Gaby Kerpel (Altiplano electrónico). En México, a Nortec se le suma la cumbiatronic del Mexican Institute of Sound. Chequear también María Daniela y su Sonido Láser.

En Colombia, Sidestepper, un combo multicultural que hizo del dub y la música clubber un continuo de elementos caribeños. También destaca el "lounge plancha" de Naif. Los Aterciopelados Héctor Buitrago y Andrea Echeverri lanzaron discos solistas que bucean en este plan desde la intimidad y rescataron la obra de la madre de ella como hizo la boricua Mimi Maura con los boleros de su padre.

Desde Chile, además del pionero electrónico Señor Coconut y sus mixes de cumbia y techno alemán, sorprende la agrupación Bitman & Roban y el R&B de Anita Tijoux (solista de Makiza). En Perú, Novalima viene de editar su disco Afro, y en Venezuela y el Caribe, el híbrido asume una particularidad: grupos como los pioneros Los Amigos Invisibles aún tienen el funk y el soul como estructura de base.

Desde, Miami y Puerto Rico, lo llamativo es el "hurban" o el híbrido de la cultura urbana del R&B y el rap con el entramado hispano. Calle 13, una de las revelaciones mundiales de 2006, usa el dembow del reggaeton como plataforma de proyección mundial. El cubano Pitbull, en tanto, está armando un proyecto para 2007 llamado Armando, menos rapero y más cosmopolatino.

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