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01.10.2006 | 00:00

Tortura en Guantánamo

Omar Khadr era un soldado adolescente del ejército de Bin Laden. A los 15 fue capturado en Afganistan y desde hace cuatro años está preso en la base norteamericana de Guantánamo, sometido a increíbles tormentos ratificados por el propio Bush.

En julio de 2002 una unidad de fuerzas especiales en el sudeste afgano recibió información de inteligencia referida a un grupo de combatientes de Al-Qaeda que estaba operando desde un barrio de ladrillos de adobe en Ab Khail, un pequeño pueblo cercano a la frontera con Pakistán. El régimen talibán había caído siete meses atrás pero las inhóspitas regiones fronterizas no estaban aseguradas todavía. Cuando los soldados llegaron al barrio, miraron por una abertura en la puerta y vieron a cinco hombres armados con rifles de asalto sentados adentro. Los soldados los instaron a rendirse, a lo cual se negaron. Los soldados enviaron intérpretes de pashtún [lengua afgana] para negociar. Los hombres asesinaron a los intérpretes.

Los soldados norteamericanos pidieron apoyo aéreo y sitiaron el barrio, bombardeando y ametrallando todo hasta que quedó pelado y en silencio. Caminaron entre las ruinas. No habían ido muy lejos cuando un combatienteherido, escondido detrás de una pared derruida, tiró una granada que mató al sargento de las fuerzas especiales Christopher Speer. Los soldados le dispararon al combatiente tres veces en el pecho, y cayó.

Cuando se acercaron, los soldados vieron que era sólo un niño de 15 años ,cuyodelgado físico aparentaba no más de 13. A pesar de estar sangrando gravemente por las heridas, increíblemente estaba vivo. Los soldados lo mirabandesde arriba.

"Mátenme", murmuró, en inglés. "Por favor, mátenme."

Era Omar Khadr. Nacido en el seno de una familia fundamentalista musulmanaen Toronto, fue preparado para la Jihad desde que era pequeño. Sus padres, egipcio y palestina, le habían inculcado la creencia del martirio religioso como objetivo máximo al que podía aspirar.

En la familia Khadr, los terroristas suicidas eran muy respetados. Según la inteligencia norteamericana, el padre de Omar usaba las instituciones de caridad como fachada para juntar y lavar dinero para Al-Qaeda. El entrenamiento formal de Omar –confección de bombas, entrenamiento con rifles de asalto y tácticas de combate– comenzó antes de que cumpliera 12 años. Durante casi un año antes del sitio de Ab Khail, según el gobierno de los Estados Unidos, Omar y su padre y hermanos habían combatido con los talibanes en contra de las fuerzas aliadas, norteamericanas y de la Alianza del Norte en Afganistán. Anteriormente habían vivido en Jalalabad, con Osama bin Laden. Omar pasó gran parte de su adolescencia en instalaciones de Al-Qaeda.

En Ab Khail, como dijo un sargento, a todo soldado norteamericano que pasaba cerca de Omar le hubiese gustado meterle una bala en la cabeza. Pero un estudiante de medicina yanqui, que trabajaba cerca del cadáver del sargentoSpeer, le salvó la vida, y fue llevado a un hospital en la base aérea de Bagram con el pecho fracturado por una bala y graves heridas producidas por granadas en los ojos y la cabeza. Los oficiales de inteligencia estadounidenses comenzaron a interrogarlo tan pronto como recobró el conocimiento. Omar ingresó en la zona ilegal de las cámaras de tortura y las células de detención que la administración Bush ha diseñado para librar su guerra contra el terrorismo. Sigue allí.

En Bagram, fue llevado a salas de interrogatorio en camilla, muy dolorido. No se le suministraban analgésicos, para inducir la cooperación. Se le ordenaba limpiar pisos en cuatro patas mientras sus heridas estaban todavía frescas. Cuando pudo caminar de nuevo, lo hacían pararse por horas con las manos atadas al marco de una puerta. Los interrogadores le ponían una bolsa en la cabeza y lo mantenían inmóvil mientras perros de ataque le saltaban al pecho. A veces lo encadenaban tanto tiempo que se orinaba.

Luego de la invasión de Afganistán, el presidente Bush decidió, violando la Convención de Ginebra, que cualquier adolescente capturado por fuerzas estadounidenses sería tratado como adulto a la edad de 17 años. El problema de tratar prisioneros adolescentes como adultos, cualesquiera sean sus crímenes, es que los adolescentes son especialmente vulnerables a la reclusión abusiva prolongada. Los oficiales de inteligencia militar no estaban muy preocupados por ello en Bagram, pero retuvieron a Omar por cuatro meses, hasta que cumplió 16 y luego fue transferido al centro de detención de la bahía de Guantánamo, en Cuba.

Antes de abordar un transporte C-130 hacia Guantánamo, a Omar le colocaron un mameluco naranja y lo encadenaron: le engrillaron los pies y las manos, le pusieron una cadena en la cintura para asegurarle las manos al abdomen, yotra cadena más que conectaba los grilletes de las manos con los de los pies. En las muñecas y los tobillos los grilletes le carcomían la piel. Las esposas hirieron a muchos prisioneros en el vuelo, provocándoles pérdida de sensibilidad por varios días o semanas. Encapuchado y de rodillas en la pista de aterrizaje,Omar esperó muchas horas. Las rodillas le hacían doler intensamente el cuerpo y luego no las sintió más.

Justo antes de abordar el avión, Omar fue forzado a colocarse un equipo de anulación sensorial usado por los militares para desorientar prisioneros antes de un interrogatorio. Los guardias le pusieron mitones termales en las manos bienajustados a las muñecas, antiparras opacas y tapones en las orejas. Le colocaron una máscara desodorizante en la boca y la nariz. Lo amarraron a un asiento sin respaldo. Toda extremidad que no hubiera ya perdido sensibilidad con las esposas la perdió por el frío de las alturas durante el vuelo de quince horas. "Hubo momentos en que deseaba que un oficial se volviera loco y me disparara", recordaría uno de los cientos de detenidos que han hecho el viaje.

En Guantánamo, Omar fue guiado, todavía con los sentidos bloqueados, a un ómnibus que llevaba a los prisioneros a un dique de ferries. Algunos no tenían asientos y los prisioneros se sentaban con las piernas cruzadas en el piso. Losguardias con frecuencia les apartaban los tapones para decirles que no se movieran y si lo hacían involuntariamente, por el movimiento del transporte, los pateaban. Los repetidos golpes los dejaban impedidos de caminar por semanas.

Luego del viaje en ferry, Omar fue evaluado en el hospital de la base. "Bienvenido a Israel", le dijo alguien. Luego fue encerrado en una jaula de acero de 2,40 x 2m. Dado que la jaula contaba con un lavabo y letrina y la cama estaba soldadaal piso, el espacio libre era comparable al de un pequeño vestidor. Las jaulas fueron construidas con malla de acero y conteiners. Las ratas gigantes corrían por las celdas y techos defecando en camas, lavabos, en los Coranes. A los prisioneros sólo les permitían una ducha de cinco minutos por semana; estaban inmersos en un hedor perpetuo.

La llegada de Omar a Guantánamo en octubre de 2002 coincidió con un vuelco fundamental del gobierno de Bush en su guerra contra el terrorismo. A las semanas de su llegada, bajo la autorización del presidente, los interrogadoresde la base comenzaron a utilizar técnicas inhumanas. Antes de que Omar hubiera comenzado a asimilar los horrores de Guantánamo, sus captores empezaron a torturarlo.

Ahmed Said Khadr, el padre de Omar, siempre dijo que no quería morir en una cama. Prefería que lo mataran. Cuando sus hijos eran muy pequeños les dijo: "Si me quieren, recen para que me martiricen". Tres veces le pidió al hermano mayor de Omar, Abdurahman, que se convirtiera en un comando suicida. Sería un honor para la familia, dijo. Abdurahman declinó. Más tarde, cuando Ahmed sintió que la fe de Abdurahman se debilitaba, le dijo: "Si alguna vez traicionas al Islam, yo seré el que te mate".

Omar y sus hermanos asistían a madrazas y a escuelas islámicas. Su madre y dos hermanas mayores cubrían sus cuerpos y se velaban el rostro. En el hogar, los niños Khadr fueron advertidos que la pureza del Islam estaba comprometidadesde adentro y desde afuera. La gesta para repurificarla hacía que todo el resto de las cosas fueran insignificantes. La pureza era la medida simple que servía para distinguir el bien del mal, y los medios para destruir el mal eran igualmente simples. Los niños Khadr fueron educados para servir a la causa. Su lealtad erasondeada a diario.

En 1988, cuando Omar tenía apenas un par de años, los Khadr viajaron de Toronto a Peshawar, Pakistán, con el fin de que Ahmed pudiera trabajar en una institución de beneficencia llamada Human Concern International. En esos días, Peshawar era una base operativa para insurgentes islámicos que combatían a los soviéticos en Afganistán. Osama bin Laden se había dirigido hacia allí para reclutar, financiar y entrenar mujaidines. Fuentes de inteligencia insisten con que muchos de los huérfanos y refugiados asistidos por Khadr posteriormente se convirtieron en guerrilleros de Bin Laden.

En 1992, no mucho después de que Omar empezara sus estudios en una madraza en Peshawar, Ahmed casi muere al pisar una mina en Logar Province, Afganistán. (Fuentes de inteligencia sostienen que había ido allí para combatircon los antecesores de los talibanes en la guerra civil afgana.) Ahmed fue llevado a un hospital de Toronto, y el resto de la familia volvió con él. Su recuperación le llevaría dos años.

De los niños Khadr, Omar era el más pegado al padre. Tenía 7 años cuando hirieron a Ahmed. Era difícil mantenerlo alejado del lecho de su padre. En Toronto, resultó ser uno de esos casos raros de niños que toman la responsabilidad de cuidar de su familia, como si quisiera mantener el lugar de su padre hasta que Ahmed se recuperara. "Estaba siempre ahí para nosotros", recordaría su hermana Zaynab luego. Cuando alguien no estaba bien, Omar le conseguiría su golosina preferida. Era muy sensible a las tensiones familiaresy las dispersaba: muchas veces imitaba al capitán Haddock, el personaje tartamudo de la historieta Tintín, el preferido de Omar. Siempre los hacía reír.

Las donaciones recolectadas en la mezquita de los Khadr ayudaron a pagar el alquiler cuando Ahmed estaba hospitalizado. La escuela islámica Isna no les cobró aranceles a los niños Khadr. En la escuela a Omar le iba bien en todo. Comenzó a memorizar el Corán, en árabe, a los 7 años. Parecía intuir que sus logros contrarrestarían los fracasos de sus hermanos. En el boletín de Abdurahman, su maestra de estudios islámicos escribió: "Que Alá lo ayude". Los maestros de Omar manifestaban lo contentos que estaban. "Era muyrápido y educado a la vez", recordó uno de ellos.

No bien Ahmed estuvo repuesto como para caminar con un bastón especial, se fue con su familia de nuevo a Peshawar y siguió con su trabajo para Human Concern International. No había pasado mucho tiempo luego de que llegaran,Omar tenía 9 años, cuando terroristas bajo el mando de Ayman al-Zawahiri llevaron a cabo un ataque suicida contra la embajada egipcia en Islamabad. Según la inteligencia paquistaní, mucho de los fondos operativos de Al-Zawahiri habían pasado por Human Concern International. Uno de los vehículos usados en el ataque había sido comprado por un sudanés que vivió con los Khadr. Toda la familia Khadr fue detenida, su barrio fue allanado y Ahmed fue preso y torturado.

Cuando a la familia se le permitió visitar a Ahmed en la cárcel, encontraron a un anciano inválido recluido en forma primitiva junto a asesinos y ladrones armados. Omar parecía incapaz de recobrarse de lo que veía. Ahmed, sosteniendo su inocencia, inició una huelga de hambre y fue hospitalizado. Omar pasó todas las noches en el hospital, hecho un ovillo en el piso de hormigón al lado de la cama del padre.

Omar no había llegado a la edad de la razón: su imaginación de niño de 9 años todavía no podía adaptarse a los dobleces del mundo. No obstante había sido entrenado cuidadosamente para dividir el universo en la esfera del trabajovirtuoso y las fuerzas dispuestas en contra. Había visto a su padre casi morir al servicio de la justicia. A Omar Khadr estas fuerzas contra las que estaba advertido le deben haber parecido muy reales desde el segundo lecho de hospital del padre. Aunque la bondad de Omar parecía diferenciarse de la intransigencia de las creencias de la familia, al ver el sufrimiento del padre desapareció. La identidad de Ahmed se integró a la de Omar; el hijo aceptó el precio y la necesidad de la causa paterna. Omar no perdió su compasión altruista, pero adquirió una obsesión que propiciaba la acción. El imán deToronto que lo había conocido a los 7 años dijo que la experiencia de Omar en Pakistán lo había "radicalizado".

Luego de cuatro meses en prisión, Ahmed Said Khadr fue liberado a pedido del gobierno canadiense. Trasladó a su familia a Jalalabad, Afganistán, a vivir con Bin Laden. Este y varias de sus esposas e hijos ocupaban un gran complejo detierra y mimbre rodeado de campos de entrenamiento. La familia Khadr niega ser parte de Al-Qaeda, pero el gobierno de los Estados Unidos dice que pronto lo enviaron a Omar junto con sus hermanos mayores, Abdullah y Abdurahman,a un campo militar cerca de la aldea de Khalden. Allí eran instruidos sobre el uso de armas de mano, tácticas de francotiradores, confección de bombas y tácticas de combate.

La vida en el complejo de Jalalabad era austera. Bin Laden prohibió el hielo y la electricidad. Quería que la gente supiera cómo era vivir sin nada. Abdurahman lo describiría como un tipo común al que le gustaba el vóley y las carreras de caballos. "Tenía problemas fi nancieros y con sus hijos", dijo Abdurahman. "«Los chicos no hacen esto o aquello»." Los hijos de Bin Laden tomaban Coca-Cola cuando podían, muy a pesar de su prohibición sobre los productos estadounidenses. Para que memorizaran el Corán, Bin Laden prometía comprarles caballos.

En 1998, cuando miembros de Al-Qaeda lanzaron un atentado suicida sobre las embajadas en Kenia y Tanzania, matando a 220 personas e hiriendo a otras 4.000, todos celebraron en el complejo. Se repartió jugo gratis. Todos bromeaban con que deberían haber más operativos así tomarían más jugo gratis. La celebración terminó cuando los norteamericanos se desquitaron con misiles de crucero, destruyendo edifi cios y matando e hiriendo a una docena de personas. Para Omar, el ataque reforzó su creencia de que el enemigo era real .

Omar tenía 14 años aquel 11 de septiembre. Los ataques al World Trade Center y al Pentágono provocaron gran alegría en los campos, pero como todos sabían que sobrevendrían serias represalias norteamericanas, los complejos fueron abandonados. Abdurahman, que estaba muy desilusionado con la matanza de civiles por parte de Al-Qaeda, desertó y se fue a Kabul, donde fue tomado prisionero por la Alianza del Norte y entregado a la CIA. Según el gobierno delos Estados Unidos, Omar siguió a su padre a las montañas, donde pronto comenzaron a combatir para Al-Qaeda.

Cualquiera fuera su adoctrinamiento, Omar todavía podía ser reconocido por las personas que lo habían tratado cuando era niño en Toronto. "Omar es nuestra madre y padre, nuestra hermana y hermano", Ahmed escribía en una carta a Zaynab. "Hace todo por nosotros. Nos cocina y nos lava la ropa. A veces le pregunto a tu madre: «¿Estás segura de que es nuestro?». Es demasiado bueno para serlo."

Pocos meses despues de que Omar Khadr llegara a Guantánamo, fue despertado por un guardia cerca de la medianoche. "Levantate", dijo elguardia. "Tenés una reserva." "Reserva" es el término usado en Guantánamo para los interrogatorios.

En la sala, el interrogador de Omar no estaba satisfecho con su nivel de cooperación. Mandó a llamar a varios oficiales que encadenaron fuertemente a Omar a un gancho en el piso. Las manos y los pies de Omar estaban engrillados juntos; en posición fetal, se lo dejó solo por media hora.

Cuando volvieron los oficiales, le soltaron los brazos y se los tiraron para atrás y los ataron a las piernas. En la unión de las piernas y brazos fue nuevamente enganchado al piso y dejado solo. El grado de dolor que el cuerpo humano experimenta en esta posición puede llevar rápidamente al delirio, y por último a la inconsciencia. Antes de que ocurriera ello volvieron los ofi ciales, lo pusieron de rodillas y le esposaron las muñecas y los tobillos por detrás de la espalda. Esto le puso el cuerpo como un arco con el torso convexo y rígido, justo al límite de su fl exibilidad. La fuerza que sus muñecas esposadas hacían en la dirección contraria de los tobillos esposados encontró su equilibrio cuando las rodillas chocaron contra el piso de hormigón. Los guardias se fueron.

Una hora o dos más tarde volvieron y controlaron la tirantez de las cadenas y lo tiraron sobre el estómago. Paralizado por las ataduras, Omar se desplomó como una estatua. Otra vez lo dejaron. Habían pasado muchas horas desde que lo habían sacado de su celda. Se orinó en el piso. Volvieron los oficiales, se burlaron de él y le tiraron solvente de aceite de pino en todo el cuerpo. Sin cambiar las cadenas, empezaron a arrastrarlo de los pies por sobre la mezcla de orín y aceite de pino. Dado que el cuerpo había estado tan tenso, el nuevomovimiento lo despedazó. Los ofi ciales lo zarandearon en redondo mientras el pis y el solvente le salpicaban la cara. La idea era usarlo como un estropajo humano. Cuando vieron que el líquido se había impregnado en su cuerpo, lo soltaron y lo llevaron de vuelta a su celda. No le fue permitido cambiarsede ropa por dos días.

El propósito de la vida de Omar Khadr en la bahía de Guantánamo aparentemente comenzó como una teoría en las mentes de los investigadores de la Fuerza Aérea. Después de la Guerra de Corea, la Fuerza Aérea creó un programa llamado SERE –Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape– para ayudar a los pilotos capturados a resistir los interrogatorios. Los fundadores del SERE querían saber qué tipo de tortura era la más destructiva para la psiquis humana para así poder entrenar a sus pilotos para soportarla. En experimentos, mantenían a sujetos en simulados campos para prisioneros de guerra y los hambreaban, desnudaban y ahogaban parcialmente. Los administradores anotaban cuidadosamente las reacciones de los sujetos, muchas veces midiéndoles los niveles de hormonas de estrés en la sangre.

La forma de tortura más efectiva resultó tener dos componentes. La primera es el dolor y el daño infl igidos en entornos inesperados, a veces ilusorios (una negación absoluta del confort físico y de la orientación espacial y temporal). La segunda es el despojo del confort interno, de la identidad, logrado mediante la humillación sofi sticada y la coacción a cometer ofensas en contra de su propiareligión, dignidad y moralidad, hasta tornarse irreconocibles por la vergüenza de sí mismos.

Los científicos de SERE inventaron una variedad de técnicas de torturas de estrés: privación del sueño, humillación sexual, profanación religiosa, capuchas, asfixia por inmersión. Según la teoría SERE, las técnicas se usan en conjunto y continuamente –el interrogatorio coercitivo debe convertirse en una experienciade vida. Estar detenido en Guantánamo equivale a ser torturado. Se dice que científicos conductistas manejan todos los aspectos de la vida de los detenidos. En un caso, un psicólogo les dijo a los guardias que limitaran el consumo de undetenido a siete cuadrados de papel higiénico por día.

Mientras estuvo en Guantánamo, Omar fue golpeado en la cabeza, casi asfixiado, amenazado con sacarle la ropa para siempre y, como en Bagram, atacado por perros mientras tenía una bolsa en la cabeza. "Tu vida está en mis manos", le dijo un ofi cial de inteligencia durante un interrogatorio en la primavera de 2003. En esa ocasión, Omar dio una respuesta que no fue del agrado del interrogador. Le escupió en la cara, le arrancó un mechón de pelo y amenazó con enviarlo a Israel, Egipto, Jordania o Siria, lugares donde torturaban a personas sin restricciones: lenta y analíticamente, quitándoles partes del cuerpo. Los egipcios, le dijo el interrogador a Omar, lo entregarían a Askri raqm tisa, el Soldado Nº 9. Era un guardia especializado en violar prisioneros.

A Omar se le quitó la silla. Como tenía las manos y pies engrillados se cayó al piso. Su interrogador le ordenó pararse, lo cual era difícil sin poder usar las manos. Cuando lo hizo, su interrogador le ordenó sentarse. Cuando lo hizo, suinterrogador le ordenó pararse nuevamente. Se negó. El interrogador llamó a dos guardias que agarraron a Omar por el cuello y brazos, lo levantaron en el aire y lo tiraron al piso. El interrogador les dijo que lo repitieran varias veces. Luego dijo que iba a guardar el expediente de Omar en una caja fuerte: pasaría toda su vida en una celda en Guantánamo.

Algunas semanas después, un hombre que dijo ser afgano interrogó a Omar. Tenía una bandera norteamericana en los pantalones del uniforme. Dijo que se llamaba Izmarai –"león"–, hablaba en farsi y a veces en pashtún e inglés. Izmarai dijo que se estaba construyendo una nueva prisión en Afganistán para detenidos de Guantánamo que no cooperaran. "En Afganistán –dijo Izmarai– les gustan los chicos." Sacó una fotografía de Omar y escribió en pashtún: "Este detenidodebe ser transferido a Bagram".

Omar fue llevado desde la silla y engrillado a un gancho en el piso, las manos detrás de las rodillas. Fue dejado así por seis horas.

El 31 de marzo de 2003, el nivel de seguridad de Omar bajó a "nivel 4, con aislamiento". Se quitó todo de la celda, y pasó un mes sin contacto humano en una caja sin ventanas a una temperatura de heladera.

Cuando no estaba siendo torturado o en aislamiento, Omar pasó cada minuto solo en su celda, primero en un centro llamado Camp Delta y luego en otro llamado Camp V. Del ojo izquierdo, el que fue herido en Ab Khail, había perdido la visión y estaba inmóvil. Salvo por el Corán, no había nada en lasceldas para ocupar la mente. Durante su primer año y medio en Guantánamo, se le permitía hacer gimnasia sólo dos veces por semana durante quince minutos, en una jaula no mucho más grande que la suya. Se podía conversar entre celdas, pero los prisioneros se habían vuelto tan inestables y recelososentre ellos que no hablaban mucho; no había amistades. Omar trataba de hablar con sus guardias, sobre cualquier cosa pero no le respondían. Muchos se cubrían las insignias con el nombre antes de entrar en el centro de detención.

Como Guantánamo le imponía un pesado estancamiento a Omar, estaba instalando en él un sentido constante de vulnerabilidad y desequilibrio. El llamado a oración sonaba cinco veces al día, pero a veces cambiaba o no sonaba. El ejercicio físico podía tocar en cualquier momento del día o de lanoche. Si los guardias te despertaban a las tres y media de la madrugada y no te presentabas a tiempo según su criterio, no podías hacer gimnasia. La frecuencia y el tipo de interrogatorios no seguían una pauta fija. A veces se despertaba a los prisioneros y se los trasladaba de celda en celda en mitadde la noche sin motivo aparente. Los guardias conocían la táctica como el "programa del viajero frecuente".

Las raciones de comida eran lo sufi cientemente exiguas como para mantener a los prisioneros en un estado cercano a la inanición. Muchas veces Omar encontró polvo o tabletas parcialmente disueltas en el vaso de plástico que veníacon la comida. Las drogas producían mareos, sueño o alteraciones nerviosas. Insípidas e invisibles, Omar nunca supo lo que eran o por qué lo drogaban.

Una vez, cuando lo transferían, Omar se enteró de que su hermano Abdurahman estaba en el patio adyacente a la prisión. Abdurahman, forzado por la cia para elegir entre prisión perpetua y cooperar, había elegido lo último. Omar no tenía idea de que su hermano estaba en Guantánamo para espiar a los detenidos.

"¿Cómo estás ?", Abdurahman gritó en árabe.

Según Abdurahman, Omar le dijo que siguiera con la historia que habían acordado en la familia –los Khadr se dedicaban a la benefi cencia y no sabían nada de Al- Qaeda.

"¿Pero cómo estás de salud?", gritó Abdurahman.

"Estoy bien", le gritó Omar. "Estoy perdiendo mi ojo y eso. No me quieren operar."

Fue la única vez que se encontraron. Los guardias e interrogadores le recordaban continuamente a Omar que nadie en el mundo sabía dónde estaba. Nadie sabría si decidían matarlo. Escuchaba disparos. Escuchaba los ruidos que hacían otros prisioneros al ser arrastrados desde las salas de los interrogatorios. En el tiempo de llegada de Omar, los detenidos miraban mientras los guardias se dirigían a la celda de un prisionero llamado Jumah al-Dousari y lo pateaban en el estómago y le golpeaban la cabeza contra el piso. "Cuando lo llevaron –dijo un detenido posteriormente– manguerearon la celda y el agua corría roja de sangre."

En julio de 2004, cuando Omar tenía 17, fue trasladado al Camp V. En su nueva celda las luces fluorescentes del techo estaban prendidas las veinticuatro horas. A veces pasaba semanas sin ver la luz del día. Su celda se mantenía a bajatemperatura; Omar pasaba bastante tiempo tratando de calentarse: poniéndose como un ovillo, cubriendo sus extremidades, utilizando al máximo su frazada y colchón cuando no habían sido confiscados. Su catre de metal era un problema:no mantenía su temperatura corporal.

Luego de pasar un día en su celda del Camp V, Omar no tenía ya más nada por ver, tocar, probar, oír y oler. Estaba acompañado sólo por sus propios pensamientos desordenados. Trataba de pasar el tiempo durmiendo, pero el frío no lo dejaba dormir, y la iluminación incesante le había despojado de la sensación de día y noche. En el transcurso de un mes, no sabía si vería el sol, conversaría con otro ser humano o le sería permitido usar ropa. Por cuatro años, Guantánamo lo ha mantenido en el vacío de su celda sin permitirle descansar.La institución ha dejado claro que ésta será su vida por un número incalculable de años.

Una de las principales defensas mentales en contra de la reclusión dura es la perspectiva de durabilidad; la cordura necesita una identidad estable. Pero la identidad en la adolescencia es precaria por naturaleza: los adolescentescambian sus identidades y creencias todo el tiempo, y no pueden desarrollar una perspectiva segura en el aislamiento del cautiverio. Para entender el mundo los adolescentes deben vivir en él. En los adolescentes como Omar Khadr,que ya han experimentado un trauma radical, los síntomas característicos de meses o años de dura reclusión –ilusiones paranoicas, tendencias suicidas, psicosis alucinatorias– pueden volverse irreversibles.

Luego de llegar a Guantánamo, Omar comenzó a mostrar los tipos de síntomas disociativos que la mayoría de los psiquiatras de adolescentes esperaban. Se sorprendía hasta el punto de desorientarse por cambios menores en el entorno.Se desmayaba. Lloraba con frecuencia. Cuando escuchó disparos en Camp Delta, tuvo una visión de helicópteros de combate armados descendiendo sobre él, y tenía este tipo de flashbacks envolventes en forma recurrente, como también pesadillas sobre el combate de Ab Khail, donde sentía, con tremenda verosimilitud, balas perforándole el pecho. Su apetito disminuyó; tomó la apariencia del malnutrido crónico. Ingresó en el llamado estado de hipervigilancia: empezó a pensar que podía ser atacado en cualquier momento: sin razón, surgían las palpitaciones y transpiraba y se hiperventilaba. Comenzó a oír sonidos –gritos, bombas, cosas que no podía identificar– cuando la celda estaba en silencio. Cada semana le daba un ataque de furia, una experiencia totalmente ajena a su carácter.

Por largos períodos no sentía absolutamente ninguna emoción. Comenzó a culparse a sí mismo por las cosas que le habían pasado; sentía mucha vergüenza por lo que había sufrido. Se le desarrolló un pronunciado tic en la zona izquierda de la cara, del cual no se daba cuenta.

Como con todo detenido en Guantánamo, el futuro de Omar se transformó en una incógnita no bien llegó, y su imaginación rápidamente perdió la habilidad para despejarla. No había condiciones de liberación: la administración Bushhabía suspendido todas las leyes de revisión judicial y debido proceso. La mente humana tiene herramientas para manejar el estrés físico-emocional extremo, pero no está equipada para manejar el limbo del purgatorio. En cada campo de prisioneros de guerra de la historia ha habido un punto final fácilmente imaginado: el fin de la guerra. En el gulag soviético hubo cargos y juicios y sentencias, aunque fraudulentos. La maquinaria era visible. Si no te morías por los trabajos forzados salías. En Guantánamo, lo que dice detenido tras detenido –lo que los estudios demuestran– es que la insanía y los impulsos suicidas inevitablemente acompañan el tipo de pérdida de la noción de futuro que Guantánamo impone a sus reclusos. En junio, tres detenidos se ahorcaron en sus celdas, y más de otros cuarenta intentaron suicidarse desde 2003. El grado tal de destrucción de la persona en circunstancias tan cuidadosamente diseñadas para impedirlo indica una desesperanza generalizada inimaginable fuera de las puertas de la base. Aun en el caso de que todos los detenidosfueran liberados hoy y recibieran tratamiento psicológico inmediato, una gran mayoría estaría psicológicamente deteriorada por el resto de sus vidas.

Omar pensó seriamente en quitarse la vida. En enero de 2003, a cuatro meses de su llegada, sus guardias estaban lo suficientemente preocupados por su disposición suicida como para confi scar sus pertenencias. La psicosis lo rondaba. Durante el otoño de 2004, Omar vio volverse loco a un ortopedista árabe llamado Ayman. Pasados unos meses el doctor Ayman enmudeció, excepto por un grito ocasional y una sola pregunta retórica: "¿Quién es mujer aquí?".

Varios expertos médicos han analizado los resultados de dos exámenes de estado mental tomados a Omar. Todos concuerdan en sus interpretaciones. El doctor Eric Trupin, que se ha ocupado del tema de los efectos de la encarcelación en adolescentes concluyó que Omar ha sido traumatizado y torturado hasta un grado que es notable para la experiencia de Trupin.

"El impacto de estas drásticas técnicas interrogatorias en un adolescente como O.K., quien también ha estado aislado por casi tres años, es potencialmente catastrófico para su desarrollo futuro", manifestó Trupin en su informe. "Lasconsecuencias a largo plazo de técnicas duras de interrogación son más pronunciadas en los adolescentes y más difíciles de remediar o tratar aunque tales interrogatorios se interrumpan, particularmente si la víctima no está segurasi continuarán. Es mi opinión, basada en una certeza científica razonable, que el continuo sometimiento de O.K. a la amenaza del vejamen físico y mental lo coloca en riesgo significativo de un futuro deterioro psiquiátrico, que puedeincluir síntomas y desórdenes psiquiátricos irreversibles, tales como una psicosis con alucinaciones resistentes al tratamiento: ilusiones paranoicas y autodestrucción."

Para ver a su cliente Omar Khadr en Guantánamo, Muneer Ahmad y Rick Wilson tienen que tomar un avión monohélice enviado en chárter desde Miami hasta la base. Lleva cuatro horas circunnavegar el espacio aéreo cubano. La bahía misma es de una belleza poco común. Tiene forma de herradura, con los campos de un lado y viviendas para militares y civiles del otro. Nada se mueve rápido, las esperas de días por razones de seguridad sin explicaciones son moneda corriente. Ahmad y Wilson a veces tenían que esperar una semanapara ver a Omar por unas pocas horas. Para proteger la iguana cubana, de acuerdo con la ley de especies en peligro de extinción, el límite de velocidad en la base se fijó en cuarenta kilómetros por hora, una buena metáfora, dice Ahmad, para las técnicas disuasivas estudiadas de los administradoresde la base. Los campos están ubicados en un terreno próximo al mar. Se alcanzan a ver cuando el ómnibus de los visitantes termina la curva final. Desde esa distancia, y por la belleza del lugar, el complejo de detención parece un club de veraneo. Ahmad y Wilson son profesores de Derecho de la American University, donde están a cargo de la Clínica de Derecho sobre Derechos Humanos Internacionales. Ahmad es delgado y reflexivo; Wilson es un tipo grandote, cuya actitud rebelde es la cordialidad. Comenzaron a representar a Omar Khadr luego de que la Suprema Corte de los Estados Unidos otorgara los derechos del debido proceso a los prisioneros de Guantánamo en 2004. Tomaron el caso por principio de justicia pero también, como dice Ahmad, "para recordarle al mundo que este chico esta allí, que está vivo, que su vida tiene valor y significado y que lo tiraron a un agujero. Es nuestra responsabilidad colectiva tratarlo con la dignidad que merece".

Cuando Ahmad vio a Omar por primera vez en octubre de 2004 –luego del convulsionado vuelo y las interminables demoras, controles, inspecciones y falanges de soldados armados, amén de que le dijeran tantas veces lo peligrosos que eran los detenidos–, su primera impresión fue: "Es sólo un chico". Omar estaba demacrado y pálido, en un estado de cansancio permanente, los sentidos afectados por la soledad. Tenía grandes cicatrices por disparos en la espalda y en el pecho y más pequeñas por todo el cuerpo, algunas partes del cual todavía tenían esquirlas de granadas. "Uno experimenta un sentimiento de protección general hacia estas personas sólo porque se las mantiene sin que tengan acceso a nadie", dice Ahmad. "Y dada la edad y faltade experiencia en el mundo de Omar, se siente más. Se trata de no infantilizarlo, pero cuando alguien es tan joven sería un error no reconocerlo. Somos de la opinión de que los chicos merecen una protección especial; ése ha sido nuestro enfoque legal, y también el carácter distintivo de nuestra relacióncon él."

Le tomó un tiempo a Omar aceptar que sus abogados no formaban parte del sistema interrogato rio de Guantánamo. Sus primeras visitas, dice Wilson, se dedicaban a intentar de que confi ara en ellos; la estrategia legal era secundaria. Gradualmente, Omar se reveló como muy tímido y curioso y, mayormente todavía un niño con su dulzura y candor característicos. A pesar del ritmo con que crecían sus huesos, el aislamiento y el trauma parecían haberlo preservado en tiempo emocional. Cuando aprendía una nueva palabra –sus experiencias habían dejado extraños vacíos en su conocimiento– trataba de utilizarlade inmediato. Cuando Wilson y Ahmad le ofrecieron conseguirle algo para leer les pidió libros para colorear y revistas de autos y libros con fotos de animales grandes. Cuando le preguntaron qué tipo de jugo quería que le trajeran despuésde un recreo durante una reunión, les dijo: "Algo loco".

Si Wilson o Ahmad dejaban una lapicera en la mesa de entrevistas, Omar la agarraba y la desarmaba y la volvía a armar. Siempre quería jugar con el reloj digital de Ahmad, que tenía cronómetro; nunca se cansaba de usarla para examinar sus reflejos. Quería saber todo sobre sus abogados: las edades,las ciudades donde vivían, sus familias, por qué habían elegido ser abogados. Las pocas cartas cortas que podía escribir son las de un niño:

A mi querida familia: los extraño mucho y espero poder verlos lo antes posible... no me olvidan de sus oraciones y no olviden escribirme y si ay cualquier problema escríbanme. Su hijo, Omar Khadr

Cuando hablo sobre el caso que tenia el gobierno en contra suyo, Omar no mencionó una ideología ni a Dios. Era todavía devoto, pero no siempre podía orar cinco veces al día. Parecía haberse desviado del absolutismo de su familia.Omar entendía los conceptos legales con sorprendente rapidez. Cuando Wilson y Ahmad le dijeron casi en serio que debería estudiar Derecho mostró un sentimiento cercano a la alegría. Luego sonrió veladamente: no podía contemplar un futuro tan distinto de Guantánamo, un futuro en el cual un "enemigo combatiente" era absuelto y se convirtiese en abogado. Siguiendo el consejo de Wilson y Ahmad, le escribió una nota al oficial que presidiría su primera audiencia militar en abril, negándose a participar en el proceso hastano ser separado de la reclusión solitaria: "Con mi respeto hacía usted, voy a boicotear este proceso hasta no ser tratado humana y justamente".

Una vez que Omar se permitió creer que tenía abogados comprometidos con su caso, su vida giraba alrededor de sus encuentros con ellos. Lo habían devuelto al mundo en movimiento y le habían recordado quién era. Sus relatos de losmalos tratos recibidos surgían despacio. Al fi nalizar la primera reunión con sus abogados mencionó, incómodo, que lo habían amenazado con violarlo. Estaba convencido de que Ahmad y Wilson no volverían más y de pronto se le ocurriódurante los momentos finales de la entrevista que ésta podría ser su última chance de hablarle al mundo. Era más fácil revelar algo vergonzante a confesores que nunca volvería a ver.

Tomó varias reuniones más para que los hechos salieran a la luz. Aunque el gobierno de los Estados Unidos niega haber maltratado a Omar, ni Wilson ni Ahmad dudaron alguna vez de la verdad de lo que les contaba. Habían leído cientos de páginas de relatos de torturas de detenidos que independientementecoincidían. Un detenido sueco describió haber sido mantenido por doce horas en temperaturas extremadamente frías y movido de celda en celda toda una noche. Un detenido australiano describió el uso alternado de temperaturas extremas, grilletes cortos y golpizas al azar. Una investigación del Pentágono confirrmó relatos de detenidos sobre torturas por humillación sexual. Un interrogador anterior de Guantánamo describió que a los detenidos se los "engrillabapor horas y se los dejaba que se hicieran encima mientras se los exponía a música a todo volumen o el maullido insistente de una publicidad de comida para gatos". En un memo interno, un agente del fbi describió cómo encontró a un detenido inconsciente en el piso de un cuarto "por encima de los 37 grados… con un manojo de pelo al lado. Aparentemente se había estado sacando su propio pelo durante la noche". Los propios registros de interrogación del ejército de los Estados Unidos documentaron el tratamiento de un detenido sauditaque fue interrogado en sesiones de dieciocho horas por cuarenta y ocho días, colocándole una correa y forzado a ladrar como un perro, administrándole fluidos intravenosos y encerrado en un cuarto sin baño, desnudo, puesto a horcajadas yridiculizado sexualmente por guardias mujeres, y sometido a un secuestro simulado donde se lo tranquilizó, encapuchó y envió por avión a un destino falso.

No existe evidencia científica de que dicha coerción sea mejor que cualquier otro tipo de interrogatorio; es probable que sea peor. Las técnicas sere no fueron diseñadas para ser utilizadas en el mundo real; fueron diseñadas para poner aprueba la resistencia psíquica de los pilotos de la Fuerza Aérea. Cuando el FBI envió algunos de sus mejores agentes de contraterrorismo a Guantánamo al poco tiempo de abrir los campos, los agentes eligieron utilizar lo que se conoce como interrogación basada en el rapport, que aparentemente funcionaron. Los agentes del fbi opinaron que las tácticas coercitivas utilizadas por la inteligencia militar eran repugnantes y estúpidas: los vejámenes instantáneamente desestabilizaban a los detenidos, haciendo que la información no fueraconfiable como inteligencia y nula en el tribunal.

Para la época en que los abogados de Omar tomaron su caso, estaba claro que los métodos de tortura usados en Guantánamo habían sido directamente autorizados por el presidente Bush. En enero de 2002, el abogado del presidente, Alberto Gonzales, que trabajaba para la Oficina de Asesoría legal del Ministerio de Justicia, asesoró al presidente diciendo que casi todas las formas de tortura eran legales. El abuso físico no era tortura a menos que generara una intensidad de dolor asociada con "deterioro de un órgano, discapacidad de una función corporal o incluso la muerte". Los métodos psicológicos sólo eran ilegales si causaban un daño que perduraba por "meses, o aun años". El secretario de Defensa Donald Rumsfeld aprobó un nuevo paradigma de interrogación, y el general Geoffrey Miller instituyó las mismas técnicassere en Guantánamo que llevaría a Abu Ghraib.

Rick Wilson y Muneer Ahmad tienen mucha experiencia en la representación de prisioneros, mayormente inmigrantes detenidos y reclusos a perpetuidad. "Nada de lo que hemos visto se acerca a la experiencia de Guantánamo", dice Ahmad. "No sólo el tratamiento de detenidos, sino la fuerza bruta del poder del Estado."Durante el curso de la investigación, a los abogados les impresionó la evidencia aplastante de que la mayoría de los detenidos en Guantánamo son inocentes. La cia sacó a Abdurahman Khadr de los campos no sólo porque los detenidosque lo rodeaban se habían vuelto mentalmente inestables e incomunicativos, sino porque sólo unos pocos sabían algo de Al-Qaeda o los talibanes. Durante sus interrogatorios, una de las primeras cosas que Abdurahman manifestó a lacia fue cómo habían fracasado los Estados Unidos en sus barridas militares posteriores a la caída de los talibanes, para distinguir los culpables de los inocentes. En Afganistán, los Estados Unidos ofrecían recompensas en dinero por miembros de Al-Qaeda algunas veces equivalentes a varios años dejornales locales. Los militares norteamericanos así tornaron toda persona de apariencia árabe en Afganistán en vulnerable para los oportunistas. Jefes militares rodeaban a personas y las presentaban en masa a las autoridades norteamericanas. A otros se los detenía para resolver disputas, o por haber estado alguna vez asociado con alguien de Al-Qaeda. La inteligencia de los Estados Unidos aparentemente tomó la palabra de criminales, mercenarios y soldados mal pagos.

En su interrogatorio, Abdurahman Khadr le dijo a la CIA que sólo un diez por ciento de los detenidos en Guantánamo "son realmente peligrosos". El resto, dijo, "son gente que no tiene nada que ver, ni siquiera entienden lo que están haciendo aquí". Un nombre inocente, manifestó Abdurahman, fue entregado por su propio hijo por 5.000 dólares. Otro detenido era nada más que un drogadicto: cada vez que venía un militar, le pedía hachís: "No sabe qué está haciendo acá",agregó Abdurahman. "Un drogadicto, absolutamente nada que ver con Al-Qaeda."

Un oficial de inteligencia militar, en forma anónima, le dijo a un reportero que más de 75 por ciento de los detenidos en Guantánamo son inocentes. Cuando el gobierno recientemente preparó Sumarios de Prueba para sus 517 detenidosen un intento por justifi car su rótulo de "combatiente enemigo", sólo el ocho por ciento fueron "definitivamente identificados" como combatientes de Al-Qaeda. Un 66 por ciento no tiene una conexión defi nitiva con Al-Qaeda . Los camposde detención de Guantánamo están llenos de pastores, choferes de taxi, agricultores, pequeños empresarios, drogadictos, gente sin techo y niños.

Para Rick Wilson y Muneer Ahmad, esta urticante verdad les hizo llegar a la desconcertante conclusión de que luego de la invasión de Afganistán, la administración Bush efectivamente secuestró cientos de personas inocentes por parecer árabes y los embarcó hacia un centro de detención diseñado para torturarlos a perpetuidad. Si el presidente fuese juzgado en La Haya, la fiscalía tendría un caso fácil.

Antes de que la suprema corte extendiera la protección de la Convención de Ginebra a los detenidos de Guantánamo, el gobierno acusó a Omar Khadr de asesinato, intento de asesinato, conspiración y ayuda al enemigo. Los cargos eran extraños: Khadr era un soldado combatiendo para un ejército nacional. La Convención de Ginebra prohíbe a todo gobierno acusar de asesinato a soldados enemigos cuando actúan como soldados. Resulta difícil predecir cómo el gobierno va a reformular sus cargos; tanto como predecir el tiempo que pasarán el Congreso y la administración diseñando tribunales que satisfagan a la Corte Suprema. Por el momento, sin embargo, Omar Khadr sigue siendo un combatiente enemigo y, como tal, sujeto a reclusión solitaria ilimitada.

Ahmad y Wilson han presentado un recurso ante el tribunal federal a los efectos de prohibir la tortura continua y reclusión inhumana de su cliente. Hasta ahora no ha sido otorgado. Salvo una breve pausa, Omar Khadr ha estado solo enuna celda en Guantánamo cerca de cuatro años. Lo que equivale a casi un cuarto de su vida. Desde que fue capturado ha crecido ocho pulgadas. Es casi imposible para él creer que será liberado alguna vez, y su vida diaria sigue estando amenazada: está tan condicionado a los abusos en cautiverio quees incapaz de creer que alguna vez se verá libre de ellos.

Un año y medio atrás el doctor Eric Trupin predijo que Omar Khadr sufriría serios daños permanentes a menos que fuera inmediatamente trasladado a un centro de detención más benigno, se convenciera de estar a salvo de todo daño y se le brindara un cuidado psicológico agudo. Dicho tratamiento, si fuera administrado, llegaría con una tardanza de varios años. Es posible que la vida mental de Omar gradualmente se fragmente en intentos de suicidio, alucinaciones y paranoia. No obstante haber vivido los años finales de su adolescencia en la bahía de Guantánamo, no ha aprendido nada sobre las convenciones de la vida adulta, entiende como nadie lo que es sentirse totalmente desprotegido.

A mediados de 2005, Omar con otros 200 detenidos empezó una huelga de hambre en protesta de su detención indefinida sin el debido proceso. En pocas semanas los guardias comenzaron a golpearlos y alimentarlos a la fuerza por la nariz con tubos gruesos. Extraído del diario de Omar Deghayes, un detenido que participó de la huelga: "Omar Khadr está muy enfermo en nuestro bloque. Está vomitando sangre. Le dieron suero cuando lo encontraron en el piso de su celda". A Omar lo llevaron al hospital. Al ser trasladado a su celda se desplomó. Los guardias lo golpearon.

La firmeza de los huelguistas se debilitó y la huelga terminó. No se hicieron concesiones.

Jeff Tietz