rollingstone.com.ar

Erlend Øye

Ciclo Compass. Niceto.19 de enero

Por Ernesto Martelli

Palermo ardió con el principito nórdico de la patria inditrónica

Para un jóven noruego, el calor húmedo de enero en la capital sudamericana del turismo receptivo puede parecerse al mismísimo Infierno. Para un joven sensible que bautizó a su disco-manifiesto con el nombre "El silencio es la nueva forma de hacer ruido", un Niceto excedido en su capacidad, a la 1 am, con el bullicio lógico de una multitud con ganas de beber y bailar, probablemente también.

Indefenso, con su guitarra y susemblemáticos lentes, algo malhumoradoy quejoso, así arrancó ErlendØye su debut porteño y sólo consiguiódistenderse y darle mayor intensidada su interpretación durantelos tres bises y, ya tarde, cuandotomó el micrófono durante el set delos djs Pareja. A su modo, el emotivoy festejado debut de este artistanórdico en Buenos Aires fue víctimade una apuesta imprecisa (era en unboliche y después de él tocaban dosdisc jockeys) y del éxito de una carreraartística que, para muchos, seconvirtió en símbolo y patrón generacional.Con apenas más de 30 años,él mismo se confesó fanático de lossuecos A-Ha; desde sus comienzostrató de encarnar la tradición íntimadel solista sensible post Morrissey,pero su fama mundial le llegó con suscoqueteos con la escena dance: compositor,productor y responsable deun compilado dj Kicks (2004), logróencarnar, como pocos, la sensibilidadindie en las pistas de baile. Asíganó justificada fama, primero centroeuropea,luego global: ese álbumcondensa nombres definitivos parala escena bailable de esta década (elahora famoso Villalobos, The Rapture,Morgan Geist, Phoenix, Röyksopp)y aportes vocales sobre temasde The Smiths y Elvis Presley.

Combinando el formato de la girade su último disco solista (Unrest, 2003) con la de su proyecto más reciente, The Whitest Boy Alive, Øyese presentó en Palermo, totalmentesolo, con su guitarra acústica, y unteclado que apenas utilizó en dostemas. Durante apenas más de unahora, trató de dominar el murmullocon su voz y sus frases de emotividadsuperficial ("Prefiero bailar con vosque hablar con vos", ofrecía en unode sus últimos temas, justo antes dedar paso a los oportunos hits del djlocal Fabián Dellamonica). Y lo logróa medias, pese a la devoción y el fanatismode muchos de los más de milque llenaban Niceto aunque, comoera de esperar, la intensidad subiócon los covers (un previsible "BoysDon't Cry" de The Cure y dos inesperadosde Paul Simon y Big Star).

Cantante dulce y talentoso, guitarristatan medido como melódico, esun trovador sentido, un Manu Chaogélido, sin parafernalia estética niideológica; un Leo García con menosambición populista; un Jake Shearsfotofóbico y acomplejado.

Su llegada sirvió como plataformade despegue para la propuesta llamadaCompass: la idea es reconquistar lapista de baile con un mix indietrónico.La elección de Øye para este lanzamientoes incuestionable aunquehayan sido justamente él, su pretensiónestética de simpleza e intimidadpara su show en vivo, y sus fans, losmás perjudicados por el formato. Suaspecto frágil fue coherente con eltema de The Smiths que interpretó:"Heaven Knows I'm MiserableKnow".

COMPARTILO
 Notas mas leidas
PUBLICIDAD
Revista Rollingstone