Decir que el sábado pasado, con el show de La Vela Puerca en el estadio de Ferro, el "rock uruguayo" tuvo una noche consagratoria no sólo sería un lugar común: también representaría una simplificación del trabajo (de hormiga, pero curiosamente a pasos agigantados) de uno de los grupos más importantes del Río de la Plata. Más allá del nivel de convocatoria (25 mil personas), el conjunto uruguayo demostró que sabe adaptarse a la dimensión de estadios y demostró, también, por qué puede codearse con las bandas más importantes del mundo en los festivales europeos.
A pesar del viento –eterno archirival del rock de estadios-, La Vela Puerca montó su nuevo formato sonoro, ese murallón de sonidos que construyeron bajo la máxima de Juan Campodónico, productor de El impulso: "tocar lo más fuerte que se pueda, con la máxima intensidad, todo el tiempo". Así sonaron los temas nuevos, y también los clásicos añejos. Pero a esa intensidad, y pese a la nueva dimensión que han alcanzado en la banda occidental del Río de la Plata, el grupo ha sabido añadirle una cuota de sutilezas, con la guitarra acústica del "Enano" Teysera al frente, creando momentos de cierto intimismo a pesar de la multitud. Y en una noche especialmente inspirada, acaso por la celebración de sus cumpleaños, se destacaron los solos del saxofonista "Coli" Quijano y del guitarrista Santiago Butler. Pero siempre en el marco de un show ensayado al detalle y con un nivel de profesionalismo a la altura de las circunstancias.
El pogómetro se vio desbordado en algunos hits, como "El viejo" y "Llenos de magia", pero el protagonismo del show estuvo siempre arriba del escenario (ocasionalmente en las pantallas, que reprodujeron poemas de Idea Vilariño y Guillermo Silva). Las luces, en una puesta impactante de diversas tonalidades, en muchos casos se posaban sobre las cabezas de los fans de las primeras filas, formando un mar de gente colorida. Una imagen exquisita para disfrutar desde las plateas. Como es habitual, el grupo invitó a cantar a algunos amigos. "Ossie", cantante del grupo punk uruguayo Bufón, arengó en "Colabore". Y el "Batra", anfitrión porteño del Salón Pueyrredón, tuvo su momento de gloria en "Mañana".
Lejos de la demagogia, La Vela Puerca decidió no incluir uno de sus himnos más añejos y emblemáticos. "Vuelan palos" sólo estuvo en el show en las voces de ese canto genuino y emotivo de la gente. En cambio, el "Enano", el "Cebolla" y los suyos, lograron que 25 mil gargantas se unan en unos versos que bajaron desde el escenario con un énfasis superlativo y se reprodujeron en el aire como un ruego. Se trata de "Zafar", esa oda a la urbanidad que dice: "no voy a tolerar, que ya no tengan fe, que se bajen los brazos, ¡que no haya lucidez!".
Ya sobre el final, después de los bises, el "Enano" se sentó en un banco, se calzó la guitarra electroacústica, y contruyó el fogón más grande del Río de la Plata. Los ecos de murga se multiplicaron en las gargantas de todo el estadio en una versión cálida y emotiva de "José Sabía". Con el resto de la banda haciendo los coros sobre el escenario, La Vela cerró un show memorable. "Hoy dimos un pasito más", dijo Teysera. Y agradeció: "por los aplausos, por haber venido, por haber crecido juntos". ¡Salud!
Por Humphrey Inzillo
Crítica de El impulso de La Vela Puerca, por Humphrey Inzillo

