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La Renga: el monstruo que crece

El sábado, la banda se presentó en el Autódromo de Buenos Aires ante más de 90 mil personas. Crónica y fotos de la gran fiesta rockera.

Por Yamila Trautman

La sangre se recalentaba en las venas: superadas las amenazas de lluvia, en las primeras horas de la tarde del particularmente cálido sábado de noviembre, el sol, sobre las pegajosas calles internas del Autódromo Oscar Gálvez, se imponía contradictorio como aliado y al mismo tiempo enemigo. Miles de cuerpos hirvientes, surcando los estrictos controles y soportando casi diez cuadras de caminata, accedían de a poco al predio principal en el que se erigía el escenario (gigantesco, imponente) al que en pocas horas subiría La Renga para dar comienzo a lo que sería una de las más grandes fiestas del rock nacional.

Aún con su capacidad a medias, aquel templo de motores y de aceite recibió a los españoles Marea que sirvieron más bien de banda de sonido para la interminable y continua llegada de los más de 90 mil fanáticos (según segun informó a RSLA.com Gaby, manager rengo, esa fue la cifra oficial de entradas vendidas) al lugar. Para el último tema, la atención de todos se desvió: Chizzo y Tete habían salido a escena para acompañar a sus colegas y amigos de Navarra y dedicarle la canción al Tanque. Sin embargo, todavía faltaba más de una hora de espera para ver al power trío completo en acción.

A las 19.25, el ocaso se triplicó en las pantallas laterales al escenario que, mostrando la puesta del sol y el final del día, significaba el inminente comienzo del festival rengo. Con "Almohada de Piedra", un impresionante aluvión se desató hacia donde nacían esos primeros acordes mientras, de a miles, los mismos de siempre seguían entrando. "Cuánta gente vino para el barrio hoy" se asombró Chizzo y dio la bienvenida a todos. La fiesta había empezado pero los inconvenientes técnicos, más allá de la dispersión del sonido que un descampado de esas dimensiones puede significar, la opacarían insistentemente. El líder, amenazante, tuvo que hacer bajar a todos de la torre de sonido (aquellos que buscan un punto de vista privilegiado sin importar las consecuencias) para poder continuar, pero los problemas persistirían: "Ruta 40", "Montaña Roja" y "El Juicio del Ganso" fueron interrumpidos por cortes de tensión.

Aunque no especialmente hitero, el repertorio incluyó varios clásicos: "El Rito de los Corazones Sangrando", "Despedazado por mil partes", "Panic show" y "El final es en donde partí"; enganchados, también sonaron "En los brazos del Sol", "El Mambo de la Botella" y "El Hombre de la Estrella". Manu Varela, quien cantó y tocó la guitarra en su tema, incluido en Truenotierra, "Entre la niebla" y el saxofonista Chiflo acompañaron como siempre al trío pero, esta vez, hubo un invitado especial: Luciano Napolitano salió a escena para rendir tributo a su padre y dar permiso a la emoción de todos (y las lágrimas de muchos) con el tema "Viva Pappo".

Dos horas y media separaron al inicio de la fiesta de su indefectible fin: a pesar de los problemas de organización (¿cómo hacer para que 90 mil personas puedan comer, tomar e ir al baño sin tener que sufrir? ¿Cómo lograr que los controles puedan retener la pirotecnia en lugar de exigir cumplimientos innecesarios como que las chicas no lleven aros?), y los problemas técnicos, La Renga logró protagonizar uno de los recitales más ambiciosos y magnánimos del rock argentino. Saltando y cantando uniformemente a su alrededor, como un huracán sin ojos, la reunión de todos los mismos de siempre en un mismo momento y lugar dejó bien en claro que este monstruo musical sigue creciendo; y no para.

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