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El plan, convengámoslo, no es original. En el centro y en los barrios, cada vez son más los afiches que anuncian tributos a Sabina y Calamaro. Sin embargo, hay una energía especial que despiden Juan y Esteban al caer la tarde del día del trabajo en un vagón cualquiera de la línea D de subterráneos. Irrumpen en la escena con una versión de "Estadio Azteca", y ya sea por la intensidad de la interpretación como por lo inusual de la formación (la guitarra fogonera y la voz aguardentosa de Juan + el saxo píccolo de Esteban) se ganan la atención, el aplauso y las monedas de los pasajeros. Luego, ya en otro vagón, unos vagabundos acompañan con palmas y percusión improvisada "19 días y 500 noches", y... ¡también aportan monedas para la causa! Juan y Esteban tienen una banda en formación (Bruno), tienen algunas canciones de su propia cosecha y tienen la capacidad, como otros cientos de músicos que recorren el under porteño, de alegrarte un viaje subterráneo con un poco de arte.