
Y sí. La camiseta de la selección argentina, la número diez con el nombre Simon estampado en la espalda, le queda chica a Lebon. Ojo: no en el sentido futbolístico. Porque señalar lo ajustado al cuerpo que le iba la casaca sería el eufemismo para no hablar de la panza importante que ha echado el cantante de la banda. Algo evidentemente visible también en los seguidores de los chicos salvajes. Panzas. Peladas. Muchas peladas. No de raparse para parecer más sexy. Peladas posta. Y muchas, muchas chicas a las que no hay que pedirles el documento para saber que mínimo iban al jardín de infantes cuando el hombre llegó a la luna.
En esto ha devenido el new romantic. Y está bien. Porque lo único que vence al implacable paso del tiempo es el espíritu. Y he aquí la clave para entender porqué Duran Duran a treinta años de su aparición llenó el GEBA. Porque, tal como lo proclamara el propio Lebon hacia el final del recital, Duran Duran fue diseñado para que nosotros festejáramos. Y eso es lo que hizo el público: no parar de festejar.
¿Puede trabajar tanto la Cruz Roja como lo hizo el viernes 7? Y sí. Porque hay que ir a un recital, y encima al campo, avanzados ya los cuarentas. Las lesiones que provocaron Hungry Like the Wolf, Is there something I should know? o The reflex básicamente eran diagnosticadas como esguinces. De tobillos y de rodillas. Mucho sofocamiento –la aparición del microdancing como práctica es posterior a las épocas de Notorious y I don’t want your love-. Y hasta hubo una mujer a la que sacaron en camilla, atada como un salchichón…daba miedo preguntar qué le pasó.
Fueron implacables. Absolutamente implacables en lo suyo. Los Taylor, Rhodes y Lebon. Estuvieron muy bien acompañados, sobre todo en los coros por esa negra que robaba en voz y en belleza. Y supieron dosificar bien hits, himnos, lentos y algunos, sólo algunos de los temas del disco nuevo. Porque Red carpet massacre es en definitiva eso: la excusa para que los gladiadores de Birmingham salgan una vez más a la arena.
Por Leonardo Oyola


