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1) Final Fantasy XIII para Xbox 360
Fue uno de los noticiones de la expo. El juego que era estandarte exclusivo de Sony tendrá su última versión también disponible para la consola de Microsoft. Cuánto pagaron en Redmond por conseguirlo es la pregunta del millón, pero lo que verdaderamente importa es que con esta decisión ganaron los gamers. ¿Y el juego? Miralo y sacá tus propias conclusiones.
2) Rock Band 2 vs. Guitar Hero World Tour vs. Rock Revolution
La cosa está difícil si querés formar una banda virtual, porque hay tres juegos en danza que se las traen.
El segundo Rock Band brinda una mejor experiencia para los que quieren ser bateristas, con tambores sensibles a la presión y la posibilidad de armar todo un drum kit. También permite participar de batallas entre bandas y hasta salir de gira y tener plata para contratar manager y asistentes.
Por su parte, el nuevo Guitar Hero presenta un guitarra con mango touch-sensitive y un nuevo "Modo Studio", un programa mezclador multi-track que se controla desde la viola y te permite combinar pistas de instrumentos.
El tercero en discordia es Rock Revolution, de la empresa Konami, que desde fines de los 90 viene haciendo juegos virtuales para guitarra o teclado, pero que nunca se avivó de hacer un título que reuniera todos los instrumentos. Ahora parece llegar tarde frente a semejante competencia, pero habrá que ver...
3) Sangre, sudor y balas
Gears of War 2, Resident Evil 5, Fallout 3, Singularity, Unreal Tournament III, Hydrophobia... ¡Ufff! Los amantes de la violencia y la acción van a quedar arruinados económicamente este y el próximo año. Abajo, el trailer que más me impactó: el del juego Dead Space. No lo mires con las luces apagadas.
4) ¡Una MAGnitud!
MAG (Massive Action Game) fue uno de los grandes anuncios de Sony para su PS3, un juego de guerra onda Battlefield pero que puede soportar online nada más y nada menos que 256 jugadores divididos en ocho escuadrones. Habrá que esperarlo hasta 2009.
5) Fierros renovados
Sony, Microsoft y Nintendo anunciaron cambios en sus consolas. La PS3 y la Xbox 360 pasan a tener discos de 80 y 60 GB, respectivamente. Mientras, la Wii estrenó el MotionPlus, un dispositivo que se conecta a la parte trasera del controlador y sirve para refinar los sensores de movimiento; y el WiiSpeak, un micrófono que permite conversar entre jugadores y que está ideado para el nuevo juego Animal Crossing: City Folk.

Autor: Maximiliano Poter
Ay, ay, ay... si habré perdido (¿o invertido?, mmmhhh...) días de infancia bajo la virtual piel de este patovica trastornado por los anabólicos. Claro, en los tiempos que corren, el Duke Nukem resulta más inocente que el Pac-Man, pero: ¿acaso hoy existe un héroe de videojuego más cool que un tipo que salvaba a las mujeres de aliens invasores reventándolos a patadas mientras masticaba chicle? ¡Juegos eran los de antes, señores!
Para los nostálgicos, vuelve la empresa Apogee y ya anunció que lanzará su más exitoso título para las consolas portátiles Nintendo DS y Sony PSP. La Duke Nukem Trilogy incluirá los tres episodios originales (1, 2 y 3D) más tres misiones inéditas con nueve escenarios mundiales, 36 niveles, funcionalidad multi-player y otras características.
Todavía no hay fecha de lanzamiento, así que muchos sospechan que esto podría tratarse de otro vaporware como Duke Nukem Forever, la esperada cuarta parte de la saga que ya lleva más de 10 años de "desarrollo" y que, si sigue así, probablemente recién vea la luz cuando yo esté con artritis. Pero bueno, por las dudas voy preparando los pulgares. En una de esas, como diría el Duke: "It´s time to kick ass and chew bubble gum".

Autor: Maximiliano Poter
Hace unos días, la señal de cable MuchMusic estrenó un nueva acción publicitaría con piezas gráficas y afiches de vía pública que apelan a la relación entre los distintos géneros musicales y artistas. Así, se puede ver a Madonna junto a la frase "La bestia pop", un clásico de los Redonditos de Ricota, y a los chicos "emo" de 30 Seconds to Mars junto al verso "Tengo la camisa negra", de Juanes.
Inspirados por este sentimiento unificador que tiene la música, en Rolling Stone nos sumamos a esta iniciativa y les brindamos a los creativos de MuchMusic cuatro nuevas ideas. De nada.

Autor: Maximiliano Poter
La primera entrega de los premios Martín Fierro fue en el año 1959. Había apenas 18 categorías de las cuales 6 estaban dedicadas a rubros "técnicos" (guión, dirección de escena, dirección de cámaras, escenografía, producción comercial y producción integral). 49 años después, las categorías se multiplicaron casi por tres, son exactamente 50, mientras que los rubros técnicos se redujeron a la mitad: guión, producción integral y dirección. Las categorías de la gente que trabaja "detrás de cámara" pasaron del 30 por ciento del total al 6 por ciento. La proporción de personas convocadas es aun menor, ya que estas categorías tienen tres nominados por rubro, mientras que el resto tiene cinco. Esos otros 47 rubros de la entrega actual están consagrados a la adulación de caras conocidas: son una elaborada tarjeta de invitación para asegurarse la presencia de un famoso en la fiesta y, en consecuencia, en la televisación.
Debido a que APTRA, la entidad de periodistas de espectáculos que organiza la entrega, percibe su ingreso de la venta de los derechos de la televisación de la ceremonia, y a que para el canal el interés del evento está en proporción directa con la cantidad de caras conocidas que asistan, la consigna matriz de estos premios es sumar famosos. Los actores, por ejemplo, ven desglosado su trabajo en infinitos rubros: masculino, femenino, unitarios, novela, drama, comedia, principal, de reparto, revelación y hasta la insólita "participación especial" que premia al famoso que apareció una sola vez en una ficción. Es cierto que en muchas actuaciones la brevedad es una bendición, pero APTRA no pensó en eso cuando elucubró la categoría. Todas ellas se combinan en las permutaciones posibles porque, en definitiva, no se trata de llamar la atención sobre los mayores talentos sino de agasajar a la mayor cantidad de celebrities para asegurarse una entrega convocante y para que buena parte de los miembros de APTRA pueden sentirse parte del mundo del espectáculo al menos una vez al año.
Para estos premios que dicen celebrar la excelencia televisiva no existen la iluminación, la escenografía, el vestuario, la edición, los efectos especiales o la dirección de cámaras porque, acertadamente, los miembros de APTRA consideran que al "público" no le interesa ver a gente que no conoce. En definitiva, la entrega de los Martin Fierro es un reality show con famosos en el que los espectadores pueden reconocer las mismas caras que ven todos los días en cámara con otra máscara, una de emociones más "reales": la alegría o, mejor, el llanto al recibir el premio o, mejor todavía, la frustración contenida al no recibirlo. Se trata de pescar ese momento que escapa al control en que aquellos que están acostumbrados a calcular y medir cada gesto todos los días. La ropa, los peinados, las joyas, las parejas, los desplantes, las declaraciones "polémicas" (por un microsegundo) de cada ceremonia son el condimento que hace todo un poco más llevadero. No vale la pena entrar en suspicacias acerca de si el canal que compra los derechos recibe más premios de los que hubiera recibido de otro modo porque se trata de un programa de televisión, es decir, de una representación diseñada para sostener un negocio. Creo que, excepto a los interesados del medio televisivo, a los espectadores esta cuestión los tiene sin cuidado. Los espectadores esperan ver un programa, esperan ser entretenidos. Ahí está la verdadera frustración porque lo que reciben es un muy largo, muy aburrido y muy solemne desfile de famosos. No hay show. No hay humor. No hay nada más que egos.
En la entrada a la Rural, donde tuvo lugar el evento (más precisamente, en el pabellón José Alfredo Martínez de Hoz, si no me equivoco) algunas personas sostenían carteles con consignas contra canal 9, dado que casi toda la programación del canal consiste en programas enlatados comprados al exterior (el grupo mexicano que adquirió la emisora tiene canales en toda Latinoamérica, de modo que amortiza el costo de cada lata instantáneamente al emitirla en todos sus canales). Otras personas, simplemente querían sacarle una foto a una celebrity y, por las dudas de que pasara a su lado un famoso que no conocieran, les sacaban a todos los iban llegando.
La entrega de premios es una cena: había unas 60 mesas numeradas (en una conjugación de supersticiones locales y foráneas, la 13 y la 17 no estaban), con una docena de comensales por mesa. En general, en las mesas de los más famosos, se instalan miembros de APTRA que pasan la velada con ellos. La cena (algo con centolla y una pechuga rellena con vegetales) y las bebidas eran de canje (los vinos de la bodega de uno de los miembros de APTRA cuyo nombre fue evocado por los conductores del evento para dejar todo pago). Como es de rigor, Susana, Moria (quien dejo escapar por unos minutos un alicaído pecho, en una treta digna de alguien con menos años y con más necesidad de prensa), Marcelo (aparentemente la velada se programó para un miércoles para asegurarse la presencia del conductor) y otros muy famosos llegaron ya empezada la ceremonia, de modo que su entrada no se confunda con el magma humano de starlets que fluye por las alfombras minutos antes de comienzo.
En los cortes, los comensales se levantan y circulan de mesa en mesa saludando con la efusividad de un naufrago que se reencuentra con la familia: hola mi amor estas divina ese vestido te queda increíble que bueno verte me encanta el programa si necesitas algo llamame sabes que hoy lo ganas vos ¿no?, etc. Estos monólogos alternados suelen ser interrumpidos por las amonestaciones de la señora Mirtha Legrand que, con el tono preciso de Cruella de Vil hablando a una audiencia de dálmatas, pide silencio y que se vuelva al lugar correspondiente.
Así va pasando la noche, gente que se levanta, gente que se sienta, gritos cuando se abre cada sobre y el sopor que va ganando a todos, excepto a aquellos cuyo premio aun no fue anunciado. Como siempre, con altibajos (la prensa destacó unánimemente el homenaje a Jorge Guinzburg como el mejor momento y la desubicación de la conductora al reprender a Suar con una nimiedad justo tras que Andrea Stivel pronunciara un emotivo agradecimiento por el reconocimiento a su marido, como el peor momento) la 38° entrega consagró a los ya consagrados y premió a lo más exitosos. Estar ahí no agrega no es más ameno que verlo en casa, es más, tiene una dificultad mayor ya que no se puede cambiar de canal.

Autor: Hernan Ferreiros
La Mozilla Foundation lo buscó y lo logró. Ya tiene el récord Guinness por ?el mayor número de descargas de un software en 24 horas?. El Firefox 3 fue bajado 8.002.530 veces durante la primera jornada, lo que le alcanzó para lograr el reconocimiento que, hay que decirlo, de todos modos estaba vacante: es la primera vez en que esta categoría integrará el tradicional libro de marcas históricas.
Firefox tiene aproximadamente el 25% del mercado de navegadores, una participación que no ha parado de crecer. El líder, con el 70% de la torta es el Internet Explorer de Microsoft. Las diferencias entre ambos no podrían ser mayores si bien comparten la gratuidad es decir, no hay que pagar licencia por su uso.
Firefox es un programa enmarcado dentro del movimiento de software libre, es una creación colectiva y su código está abierto para modificaciones por parte de los usuarios, que además pueden desarrollar aplicaciones que funcionen con el navegador. El Explorer, por su parte, es la creación de una corporación y su código permanece cerrado. Es por esto que a menudo optar por uno o por otro no es, percibido por los entusiastas seguidores de Firefox, no como una mera decisión técnica o de performance, sino también de índole política.

Autor: Iván Adaime
Hace un tiempito hablamos sobre las transformaciones en la publicidad y la distribución dentro del mercado discográfico (¿debemos seguir llamándolo así?), pero unos días atrás la revista norteamericana Billboard hizo un relevamiento sobre el tema y puso en su portada a Topspin, una empresa que parece que se las trae. ¿Por qué? Principalmente, porque está formada por un verdadero "Dream ITeam" del negocio tecno-musical: Peter Gotcher (ex Digidesign, creadores del ProTools) y Shamal Ranasinghe (ex Real Networks y Musicmatch) como fundadores; e Ian Rogers como CEO, un tipo con ideas y opiniones muy interesantes sobre el actual estado del negocio discográfico quien, hasta hace solo unos meses, fue vicepresidente del sector Video and Media Applications en Yahoo! (y otro de los tantos cerebros que se están fugando del buscador, que vive momentos de incertidumbre).
Según explica Rogers en el blog de Topspin, la compañía "está fundada sobre el principio de que, mientras los costos de producción y distribución en la industria musical están cayendo, la ilimitada variedad de elección que tienen los clientes solo incrementa la importancia de un marketing efectivo. Marketing significa conectar y cultivar la relación con los fans existentes y descubrir nuevos, y Topspin está construyendo herramientas de software que hacen más eficiente el mercado del artista". Así se presenta la firma: no como una discográfica ni una agencia de marketing, sino como una compañía de soft. ¿Y qué ofrece?
Por lo pronto, una plataforma tecnológica (o una suerte de "suite de aplicaciones"), que permite administrar el contenido y la relación con el cliente para que los artistas puedan distribuir y comercializar su música directamente. Acá se incluye:
a) Un sistema de gestión de canciones, fotos, videos y otros productos de los músicos.
b) Otro de "gestión de fans", que reúne y organiza datos como e-mail, ubicación, edad, fecha de nacimiento e historial de ventas, así como información sobre cuántas veces un fanático busca música en sitios que usan Topspin, si comparte temas con otros amigos y qué otras bandas escucha.
c) Una herramienta de creación de productos que permite a los artistas desarrollar ofertas especiales de su contenido, como suscripciones, paquetes de tickets / tracks u otras metodologías para comercializar su catálogo.
A diferencia de MySpace o ReverbNation, Topspin no es una red social ni un sitio de promoción de bandas, sino que ofrece un conjunto de soluciones informáticas que se montan sobre el website de cualquier artista para que este "autogestione su oferta". David Byrne, Dandy Warhols y Jubilee (banda formada por el bajista de Queens of Stone Age con el ex violero de NIN) están usando Topspin para ofrecerles a sus fans suscripciones, canciones, contenido exclusivo y otra clase de promociones digitales. En la disquería online de "la larga cola", la diferencia la hace la publicidad, para la cual es fundamental la tecnología, no un sello.

Autor: Maximiliano Poter
La entrevista con Charlie y con Kate, de Lost, no fue más de lo mismo para Clemente Cancela. A pesar de llevar una temporada de retraso (porque espera obsesivamente la edición del material en DVD original) se define como un fanático. Obtuvo la nota, entre sus pares, gracias a saber inglés y ver la serie y se encontró con un Charlie un poco parco, al que pudo ganarle en la Playstation, también algo reiterativo -eso sí- en las referencias al cuadro de San Lorenzo. Dominic Monaghan (que llegó a la Argentina para estrenarse como host del CQC estadounidense) argumentó que su pasión se basa en imitar a Viggo Mortensen, con quien compartió elenco siendo hobbit. Clemente quedó encantado con, Evangeline Lilly, que viajó solamente para acompañar a su pareja, Dominic.
Durante su momento, la chica tomó vino de la botella, exageró la consternación por su apodo de "mono", confesó que al empezar con Lost creyó que sería La isla de Gillighan "pero a la que le iría mal" y acompañó al cronista en cada gag que propuso como entregarle una maquinita de afeitar o sugerir una subasta de la botella que ella chupó en E Bay.
Ahora vive una extraña fama que le otorgó ser el primero que consigue una nota para TV con un miembro de Lost, especialmente en la semana en que se termina la cuarta. Si bien Dominic insistió en limitar la charla al terreno futbolero (San Lorenzo, Manchester United), el cronista consiguió unas pocas pero contundentes definiciones sobre contenidos de la serie, como que "cualquier cosa es mejor que Drive Shaft, man". Clemente, que lo tuvo codo a codo, dice que "es un pibe bastante rockero porque, en realidad, si saliste de Manchester como Dominic no podés no ser rockero. Es más, podría no haber estado en Lost y seguiría siendo un tipo interesante". Ante la duda de si ese perfil coincide con el modelo clásico de conductor de la franquicia, Clemente asegura que "Sí". Y al comentario insidioso sobre si no le parece que ella es mucho más que él, responde lacónicamente: "No, no me parece. Y por cuestiones obvias yo aplaudo esas parejas, nunca me parecen imposibles".
En la semana del fin de la cuarta temporada, entonces, Clemente Cancela homenajea a su serie favorita y a sus nuevos amigos con un Top Five de los que se estilan en el formato de Cuatro Cabezas, sólo que aquí hay que elegir un personaje, una escena o un flashback.
1) John Locke: "Por esa cosa mística, por la herida que le surcaba el ojo, tipo mancha de arlequín. Y por ser el que nunca estará ahí si sobrevivís a la caída de un avión".
2) Mr Eko: "Lo elijo por ser un personaje misterioso, de participación breve, y por esa necesidad de redimirse que tenía".
3) La primera temporada completa: "Porque estaba todo por descubrirse".
4) Los minutos anteriores a la muerte de Charlie: "Cuando tipia un puente instrumental de ´Good Vibrations´, de los Beach Boys, y elige la parte del medio, en vez del principio de la canción".
5) El arranque de la temporada tres: "O en realidad todos los arranques, que nunca defraudan".
Antes de despedirnos, Clemente me corrige una imprecisión. "Yo ya era el primer cronista de la TV que había entrevistado a un miembro de Lost. No empecé con Charlie. Lo soy desde 2003, año en que, durante el estreno de Matrix, le hice nota a Harold Perrineau, que hace de Michael".

Autor: Julian Gorodischer
Hoy se jubiló Bill Gates. Desaparece de la escena uno de los blancos más fáciles a la hora de la crítica. Las justificaciones nunca faltaron: los productos de Microsoft no fueron los primeros, ni los mejores ni los más confiables, ¡pero eran los más exitosos!
Fue acusado, y encontrado culpable, de comportamiento monopólico. Nunca tuvo el aura de un contemporáneo como Steve Jobs ni el carisma (¡mirán la foto a su izquierda para comprobarlo!) ni la buena prensa de éste, aún cuando los balances contables y la cantidad de usuarios le dieran la razón.
Pero hay mucho en su haber. Su mayor aporte fue hacer visible el poder de un bien inmaterial como el software. Previo a él, en tiempos de IBM, se creía que la mayor oportunidad venía por el lado del hardware. Esto no fue, por supuesto, sólo mérito de Gates, sino que él fue el más claro exponente del pasaje de un capitalismo de producción, caracterizado por bienes físicos y durables a un capitalismo de servicios y bienes inmateriales.
A partir de él, el hombre más rico del mundo ya no fue un industrial, sino alguien que basó su poder en un bien intangible: el software. Bienvenidos a la sociedad de la información.
Deja la empresa en manos de Steve Ballmer, en un momento complicado. Aunque a Windows y Office aún son fuertes y tienen su preeminencia asegurada por algunos años, su poder está eclipsado. Primero frente a la idea del software libre, con caballitos de batalla bien visibles como Linux y Firefox. Segundo, por la nueva economía de las redes. Gates, pudo ver bien el negocio en los tiempos de la computación, pero falló para entender a Internet (el último traspié fue la fallida compra de Yahoo!). Google, una empresa veinte años más joven, con su modelo publicitario y sus aplicaciones web busca liquidar el poder del gigante, que trastabilla con su Microsoft Network.
De todas maneras, es injusto entender a Gates sólo como un empresario. Sus creaciones no son meros productos, sino artefactos culturales, que contribuyeron a crear, de manera radical y vertiginosa, una nueva época.

Autor: Iván Adaime
1. La Reactable de Björk. Para la gira de presentación de su último disco, Volta, la cantante islandesa utilizó este increíble instrumento electrónico colaborativo desarrollado por el Grupo de Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Consiste en una mesa sensible al tacto en la que una o varias personas pueden crear sonidos mediante la manipulación de diversos objetos que actúan como controles, ya sea de instrumentos, ritmos, secuencias y filtros, entre otros. Pero, mejor, miralo y escuchalo.
2. El bajo-hacha de Gene Simmons. El arma del demonio de Kiss es uno de los instrumentos más famosos del mundo y un objeto de colección muy codiciado. Fue creado a fines de los 70 por el luthier Steve Carr y comercializado por la empresa Kramer, que fabricó tanto bajos como guitarras con la forma de hacha de verdugo. Según informa la web de la empresa, "supuestamente iba a haber 1.000 ejemplares, pero se estima que hay menos de 500... Existen muchos modelos que dicen ser originales, pero si no están firmados por Gene no son legítimos. Además, la firma tiene que estar sellada bajo la capa de cera para ser original".
3. El micrófono de Korn. En cada recital, Jonathan Davis le canta (bueno, le grita) a una verdadera obra de arte. Es que el característico pie de micrófono que usa el vocalista de Korn es un diseño del célebre H.R. Giger, creador de los monstruos de las películas Alien y Species. El mic-stand tiene el característico estilo de surrealismo biomecánico del artista suizo, que mezcla elementos mitológicos, eróticos y tecnológicos y da como resultado esculturas de oscuras deidades cibernéticas. Cuidado a quién le andás levantando la voz, Jonathan.
4. La guitarra símbolo de Prince. Cuando Prince Rogers Nelson decidió cambiar su nombre por el de un símbolo, allá por 1993, su guitarra sufrió la misma metamorfosis. La original de color dorado fue creada por el luthier alemán Jerry Auerswald, y luego los técnicos del artista hicieron versiones en blanco, negro y púrpura, un tono que es casi un trademark del músico norteamericano.
5. Las "calculadoras" de Kraftwerk. Uno de los momentos cumbre de las viejas presentaciones en vivo de los padres del tecno-pop era cuando tocaban "Pocket Calculator" usando una bizarra parafernalia de instrumentos de mano, como el tecladito de juguete Mattel Bee Gee o el Stylophone, una especie de Palm musical. Incluso los alemanes se acercaban al borde del escenario y dejaban que el público tocara esos extraños gadgets. Esa ceremonia también se repitió (con equipos más modernos) en su primera presentación en Argentina, en 1998, aunque los hombres-robots parecían un tanto sorprendidos y preocupados por el pogo que se había armado entre la audiencia local y mantuvieron sus calculadoras lejos de los rápidos dedos criollos. Ralf, no seas agreta: los muchachos solo querían calcular cuánto les faltaba para la birra.

Autor: Maximiliano Poter
Ayer, en el Centro Cultural Konex, se produjo la novena edición de Pecha Kucha Night, el evento interdisciplinario en el que creativos pertenecientes a las más diversas artes exponen sus proyectos, ideas y diseños en 20 imágenes, que pueden permanecer en pantalla sólo 20 segundos cada una. Éste, el segundo volumen de la muestra que se realiza en lo que va de 2008, tuvo como apertura a Isondú, una performance inspirada en leyendas guaraníes del Amazonas, durante la cual tres hombres eternáuticos agregaron humo y luces fluorescentes al salón mediante actos de swing y contact.
Las presentaciones, esta vez, estuvieron a cargo de los representantes de Revista Goo (proyecto editorial que se distribuye en numerosos países de Latinoamérica), los cineastas Daniel Burman y Diego Dubcovsky (responsables de grandes producciones como Garage Olimpo, Diarios de motocicleta, El abrazo partido), los diseñadores de Furia -que sorprendieron con una instalación en vivo: muñecos gratis para los asistentes- y Mínima Huella... También, el artista Eduardo Pla expuso 20 de sus mejores obras, realizadas durante los últimos 20 años de su carrera y el fotógrafo Marcos López hizo algo similar, dando a conocer algunas de sus tomas más destacadas. Y, como en cada Pecha Kucha una ONG se suma a las presentaciones, AMIA estuvo a cargo de una emotiva proyección en reclamo de justicia por los atentados ocurridos en su sede hace 13 años.
La décima edición de este evento, que se produce en otras 12 grandes ciudades del mundo, tendrá lugar el próximo 15 de agosto, también en el CCK.

Autor: Yamila Trautman
Con el paso de los años, el cine catástrofe agrava su cuadro de situación, quizá porque la ficción se niega a perder la batalla con el dramatismo de las noticias. Después del 11/S, los grandes estudios -decididos a encarar una mega producción de cine catástrofe- extienden una escala que ya poco tiene de la fase anterior del género, con referencia en Titanic.
Desde 2002 a la fecha, reaparece cada tanto un nuevo hit apocalíptico. El primero fue Exterminio, de Danny Boyle, donde la conversión de los humanos a zombis sucedía en masa, y la fuga adquiría el tono que se mantiene hasta la actualidad en El fin de los tiempos: se huye avanzando y retrocediendo casi en paralelo, sin planificación, intuyendo amenazas en todos los que quedaron vivos.
Si Boyle o Francis Lawrence, en Soy leyenda, todavía empapaban a los monstruos de la voracidad carnívora y la tonalidad rojiza del cine trash / bizarro, tendiendo puentes directos con las orgías sangrientas de George A. Romero, M. Night Shyamalan introduce una variación de autor. Los zombies de Shyamalan (o lo más parecido a uno de ésos que hay en El fin de los tiempos) contestan a destiempo, levemente desfasados con la realidad. Se modifica el tipo clásico de zombi: se contempla el atontamiento. Quedan fijados a una palabra. Uno piensa en la posibilidad de que hayan sufrido un ataque cerebrovascular, cuando quedan privados de lenguaje, tendientes a volver sobre lo ya dicho. El deterioro de sus precursores era eminentemente físico, aquí es mental. Del zombi malignizado, ave de rapiña (también en La carretera, que se está filmando con Viggo Mortensen, sobre la novela de Cormac Mc Carthy), hasta llegar al de Shyamalan han variado las condiciones de existencia de la criatura: el andar de los conversos es más elegante que el de los hombres; su dicción se demora al estilo del engolamiento de la pronunciación de las familias ricas. A favor de Shyamalan se dirá que uno estaba acostumbrado a concebirlos como masa indiferenciada, sin esperar grandes actuaciones, o carismas recordables de entre los zombis, y de pronto se quedan en esta película con las mejores escenas en papeles antológicos como la Mrs. Jones de Betty Bucle, en todo lo que dura su transformación de ancianita solidaria y adorable a verdugo psiquiátrico tipo Misery hasta terminar en la conversión a primer zombi pentecostal ("El señor es mi señor...", repite ya en el trance).
Si los zombis estaban a cargo de algunas de las alegorías sociales más retrógradas, con referencias explícitas de algunos directores a su paralelismo con inmigrantes ilegales y pobres, Shyamalan prefiere reivindicarlos como mensajeros ecológicos que dan testimonio menos del salvajismo de un agresor barbárico que de lo que "el hombre le hace al medio ambiente". Casi como si no se diera cuenta, este zombi abandona las carnes, se embota en un movimiento autista del cuerpo y la mirada que remite menos al terror que a la compasión del espectador y, sobre todo, cambia de asesino a víctima en procesos desmesurados a autoagresión (caer desde un abismo, clavarse la birome en la yugular, hacerse devorar por leones) que son inofensivos para los otros.
Entre otros atributos singulares, el zombi de Shyamalan es, tal vez, el de menor tiempo en pantalla (una vez convertidos), ya que enseguida concretan el suicidio. A la prédica verde habrá que sumarle la reflexión pseudo existencial a cargo de infinidad de opinólogos incluidos en el film, que interpretan la catástrofe como lo que el hombre se hace a sí mismo, y otras verdades de la autoayuda. El contagio cada vez es más rápido. En Exterminio y Soy leyenda todavía hacía falta la mordida, el intercambio de flujos pero, como están las cosas en El fin de los tiempos, ahora es posible ser zombi al mero soplo de una brisa, tan fácil como uno se pesca un resfrío.

Autor: Julian Gorodischer
1 - Peter Capusotto y sus videos: cuarta temporada (TV)
Si creías que el combustible justiciadélico iba a agotarse después de Pomelo y Luis Almirante Brown, pensalo un poquito mejor. La cuarta temporada de Peter Capusotto y sus videos arrancó con un zarpazo letal del humor inimitable de Capusotto y Saborido: Bombita Rodríguez, "el Palito Ortega montonero". Una criatura que va derechito al podio 2008 de la rutinaria televisión nacional. Bombita es el olvidado trovador que a fines de los 60 y principios de los 70 combinó "la canción berreta, populachera y pegadiza con letras que alentaban la lucha armada en la Argentina". Hijo de Evelyn Tacuara y Grunkel "Cacho" Abramov ("más conocido como el Payaso Barricada, el más renombrado clown del trotskismo"), Bombita está hoy exiliado en Cuba, pero los ecos de sus ritmos contagiosos y sus consignas maoístas nos siguen inspirando desde la televisión pública en su momento más setentista. Eeeeerrrrrrp...
2 - Zeigest y anti Zeigest (Internet)
Este doc de Peter Joseph viene volando cabezas desde que se convirtió en hit vía Google Video con su tridente conspiranoico. La película refleja la hipótesis del Jesús mitológico (su inexistencia histórica), define el 11-S como un autoatentado y revela los planes del poder financiero yanqui para apoderarse definitivamente del mundo. Por estos días hay gente que produce sus propios videos "anti Zeitgeist" denunciando diversas inexactitudes y presuntas falacias que difunde el documental. Y vos ¿de qué lado estás?
3 - El pequeño Ledger articulado (Juguetes)
Es delicado: se viene un tanque de Hollywood como Batman con una actuación fenomenal de un actor joven que murió después de terminar la película. ¿Qué hacemos? ¡Muñecos articulados, por supuesto! "Es un poco deprimente", concede el encargado de Forbidden Planet, una comiquería de Nueva York.
4 - Ian Curtis (Libros)
Como si el documental Joy Division y la biopic Control no bastaran para exhumar el mito de Ian Curtis, la elegante editorial local Caja Negra acaba de lanzar un libro que se hace cargo de su deslumbrante faz lírica. En Ian Curtis / Joy Division. Reversiones, cinco poetas argentinos (Nachón, Dupont, Cassara, Echavarren y Percia) asumen los riesgos de una doble traducción: la idiomática (del inglés al español), pero también la puesta por escrito de un texto originalmente concebido para ser oído. La edición trae además los originales en inglés y viene en un sobre que emula los de los vinilos de 7´´.
5 - Diario de una prostituta (Televisión)
Ver esta serie (martes a las 23 por VH1) acompañado puede ser un error total: Belle, la protagonista, primero fue una "call girl" londinense que de día trabajaba en un estudio
de abogados, de noche era escort y en algún momento subía todo a su blog: belledejour.blogspot... Después, vendió eso como libro y fue best seller. Ahora, VH1 lleva a la pantalla su diario íntimo, sin sexo explícito, pero con un sugestivo movimiento de cámaras. ¿La particularidad? "Yo disfruto del sexo pago", aclara la protagonista.
6 - GTA IV (Videojuego)
Las filas de gamers que esperaron la salida del GTA IV tuvieron su premio: la vida violenta de Niko Bellic (un aprendiz de mafioso ruso suelto por los cinco distritos de Liberty City) es musicalizada desde todos los estéreos de la ciudad por el legendario diseñador Kart Lagerfeld, que presenta "1979" de Smashing Pumpkins y "Get Innocuous" de LCD Soundsystem con su clásico tono de inglés excéntrico. Sólo disponible para PS3 y Xb360. Avances y trucos en rockstargames.com.
7 - Theo Cansen: esculturas móviles (Arte)
Son gigantes como las figuras de hierro de Marta Minujín, pero de plástico y se mueven con el viento en espacios abiertos: un espectáculo. Con estructuras construidas con caños de
PVC y botellas vacías, el escultor holandés Theo Jansen le da vida eólica a sus "animales de playa", todo un fenómeno de Internet: el Rhinoceros Transport, el Currens Ventosa y el
Geneticus Ondula hitean YouTube con el auspicio de BMW.
8 - Jovencitas mojadas (Fotografía)
Lucía Galli presenta doce retratos de chicas mojadas en malla enteriza. Dice la curadora Mariana Rodríguez Iglesias: "Podemos entregarnos sin más a la observación y desentendernos sanamente de toda labor interpretativa". En la galería Masotta Torres, México 459.
9 - Crêpes (Gastronomía)
Puede ocurrir que, si tenés suerte, mientras te comés una auténtica crêpe de trigo negro en Finistere, una crêpería francesa de Buenos Aires (Montevideo 973), su dueño, Rémi Sabot, saque su acordeón y te toque alguna chanson de la campiña francesa. Se recomienda acompañarlas con sidra española El Gaitero, servida en tazas de loza.
10 - Rocambole (Arte)
El artista Ricardo Cohen, legendario por ilustrar las tapas de los discos de los Redondos, presenta su muestra Rocambole vs. Cohen, en la que reúne y contrapone los diversos espectros de su obra plástica. En el Espacio de Arte de AMIA, Pasteur 633, de lunes a jueves de 10 a 19 y los viernes de 10 a 16. Entrada libre y gratuita.

Autor: Rolling Stone
La situación de Yahoo! ya perdió los tintes de culebrón informático para transformarse en un penoso drama: la historia de una empresa que, para defender su independencia, termina entregando el corazón a su principal rival. Me la imagino viéndola, dentro de 20 años, todos los días a las 15 horas por un hipotético IT Channel, comiéndome las uñas junto a miles de amas de casas ex-geeks. Incluso el título de la canción de Héroes de Silencio que abre estas líneas sería un buen nombre (y espero comentarios sobre potenciales actores. Yo ya tengo a quién haría de Bill Gates?).
El jueves pasado, la empresa de Jerry Yang le puso fin a su histeriqueo con Microsoft, quien hace unos meses atrás le ofreció 44.600 millones de razones para mudarse a Redmond. Como resultado de tal decisión, las acciones del buscador cayeron un 10 por ciento y el valor de la compañía se fue a u$s 23.000 millones. En síntesis: hoy la empresa vale la mitad de lo que estaban dispuestos a pagar por ella.
Más tarde, Yahoo! anunció (aunque ya se sabía) un acuerdo con Google, por el cual comenzará a utilizar la tecnología de publicidad AdSense de su rival en sus resultados de búsqueda a cambio de un porcentaje. En resumen: Yang reconoce que no puede competir en el terreno del search marketing y le deja el negocio (sí, "el" negocio de Internet) servido en bandeja a su principal rival.
Si yo no tengo la culpa de verte caer...
Hay que aclarar: esta alianza es solo para Estados Unidos y Canadá, no es exclusiva (Yahoo! puede hacer acuerdos similares con otras empresas) ni es una fusión, con lo cual va a ser difícil comprobar un monopolio. Pero sin dudas otorga a Google una situación de privilegio, porque podría dejarle en sus manos el 90 por ciento de mercado de search advertising. Y eso no es todo: según una cláusula de escape, Google puede retirarse del acuerdo si en los primeros cuatro meses no gana u$s 83 millones, y recibiría una indemnización de otros 250 ante un cambio de control en Yahoo!.
Así, la firma fundada por Larry Page y Sergey Brin no solo domina la mayor parte de las búsquedas en Internet, sino que ahora mete su plataforma comercial en los resultados de su principal competencia y, a la vez, aleja la amenaza que podría representarle un Microsoft fusionado con Yahoo!. Negocio redondo.
Yahoo! espera que esta alianza le permita monetizar su inventario de búsquedas y obtener un revenue anual de u$s 800 millones, pero ¿a qué precio? ¿Reconociendo indirectamente que su principal herramienta generadora de ganancias es inferior a la de Google y restringirse al segmento de search engines, que también controla (por lejos) su competidor? ¿Cuál es el futuro de una empresa así?
En el mundo de la concentración económica y la consolidación financiera, Yahoo! parece haber quedado en el mismo lugar en el que, muchas veces, solemos quedar nosotros, los usuarios: entre dos tierras...

Autor: Maximiliano Poter
Del amplio espectro de diarios de putas (que asolaron la blogósfera y, después, la industria editorial durante los últimos años), el Diario de una prostituta de VH1 es el primero que se sacó de encima el moralismo de alcobas. Putas precursoras como Melissa P. y Bruna Surfistinha (o sus ghost writers) escribían con prosa culposa, poniendo mucho énfasis en la vida miserable que llevaban mientras la chupaban, y en cómo los llantos posteriores eran menos sufridos que esperanzados en la llegada de un príncipe azul. Para salvarse, después de Mujer bonita, existía sólo una vía: el matrimonio.
Hasta ahora la regla del género ´diario de putas´ (El dulce veneno del escorpión, Cien cepilladas antes de dormir) fue entregar un poco de mala literatura erótica intercalada con trazos muy simples de melodrama para narrar un fenómeno con curiosidad antropológica o morbosa. Melissa y Bruna se dirigían hacia un último día que tendría que ser plasmado con muchos signos de admiración. "¡No lo puedo creer! ¡Terminé de atender a mi último cliente! ¡La ficha todavía no cae pero mañana cuando me acuerde voy a pensar: ya no soy más puta! Ahí va a caer la ficha", se lee en El dulce veneno del escorpión. Belle de Jour (que para la tele es Belle a secas, tras borrar de un plumazo la referencia cinéfila) podría ser una quinta Sex and The City Girl: se le pegan todos los vicios del género ´comedia para chicas´; reniega de la soltería, se enamora del primero que pasa, compra ropa de primera línea como loca, no especifica los números sobre sus ingresos millonarios y siempre les cobra antes de pasar a la cama, ahora en dinero en vez de especias.
En el Diario de una prostituta, la puta es aspiracional. Belle (la actriz Billie Piper) no es una vía para conocer "cómo vive el lumpen" sino una asesora en materia de higiene, depilación, lubricación y facturación del servicio a otras chicas, iniciación profesional como en El aprendiz de Donald Trump. El paso de Britney, en el imaginario social, de princesa a putita, pero sobre todo los videos de celebridades en Internet, las mamadas de Britney y Paris Hilton, sellaron el nuevo arquetipo que reina en las colinas de Beverly Hills: la puta hiperrica y cool, ejecutiva y habitué de fiestas privadas exclusivas donde antes dominaba la puta rutera de maquillaje corrido y poco status social al estilo de Divine Brown, la de Hugh Grant. La nueva puta, ascendida a estrella de comedia rosa o juvenil, fue despojada del tabú de no besar y se permite vivir una historia de amor sin dejar de cobrar, siendo pura representación de ´naturalidad´ (se enreda con el teléfono, privilegia la emoción a la técnica) y enamorándose ya en el primer capítulo. Por todo eso no se entiende por qué le siguen asignando una doble vida (es a la vez Belle y Hannah). La pregunta es: para qué darle una doble vida a una puta ´aspiracional´, prima hermana de las ejecutivas de Lipstick Jungle. Otro reparo es, tal vez, querer recrear el tan mentado ´registro´ de weblog apelando con tanta insistencia al monólogo a cámara; se debe pretender acentuar la cercanía con el espectador pero consigue ser una mala copia de las charlas con la pared de la ya anacrónica Shirley Valentine.
Por lo demás la puta se ganó el status definitivo de ´persona común´. Pierde la condición excepcional que regía a sus precursoras. El modo en que Belle mercantiliza al sexo es de lo más frecuente en la señal juvenil que emite Dismissed o Next, donde el casting las / los humilla mediante descartes masivos que llegan luego del reglamentario beso de lengua. La nueva puta responde a un nuevo paradigma que nos acostumbró a aceptar el sexo como un bien de cambio en vez del ideal anterior del amor puro. En Belle, ser puta es elección vocacional, con continuas alusiones a por qué es tan buena en su oficio y sobreactuada búsqueda de la excelencia. Con sus acciones elevadas y su marketing de ´buena vida´, es, eso sí, pudorosa y reacia al desnudo incluso parcial. ¿Son contradicciones de la liberada? Tal vez. O habrá que esperar el destape para próximos capítulos, porque hasta aquí Belle soltó en los polvos una alegría cándida como de juego infantil aún cuando el que la requería fuera un viejo palurdo con fantasías equinas. Y por supuesto, es ella la que lo montó a él y sólo a la altura de la espalda.

Autor: Julian Gorodischer
Ahora que borré mi cuenta de Facebook puedo volver al bar con mis amigos, olvidarme de mis "friends" maoríes y las lolitas siberianas que me proponían tests del tipo "qué clase de droga sos" o cosas menos excitantes como la tabla de equivalencias de personalidades y especias (yo vendría a ser nuez moscada).
¿Para qué sirve Facebook?, me pregunto después de cuatro meses de participación inactiva. Ya sé: redes sociales, minitas, chabones, grupos de interés, un millón de amigos around the world. Entiendo el punto. Pero si no andás por la vida como una especie de golondrina calentona de las nuevas vías de comunicación, si sos un poco fóbico en tu relación con la especie o al menos razonablemente exigente a la hora de llamar a alguien "amigo", Facebook puede ser algo bastante parecido a un mal sueño.
Un día te llega la invitación de alguien en quien confiás, te dice "dale, sumate a esta movida" y vos ponés "I agree"; subís tu foto y ahí estás, los servicios de inteligencia del mundo rico y el mundo sumergido tienen tu auto-identikit y tu prontuario. Y de pronto empiezan a lloverte las solicitudes de amistad, una cosa que en la memoria de la infancia está vinculada al fracaso existencial más humillante: "¿Querés ser mi amigo?". Pero acá lo preguntás sin vergüenza, y la gente te acepta, y vos aceptás a la gente, a personas que conocés y a las que jamás viste en tu vida. Chinitas emo que caen en paracaídas, vendedores de seguros haciéndose los operadores de bolsa, compañeritos de la primaria que dabas por muertos, compañeros de la secundaria haciéndose los vivos, exiliados, solitarios, advenedizos, mujeres casadas que empiezan a beber al mediodía.
De pronto tenés una lista infumable de amistades peligrosas. Y el dime con quién andas adquiere una precisión informática: el algortimo de tus contactos de Facebook proyecta forzosamente a un ser espantoso, un tipo que la va de trotamundos y que apenas si se pasa alguna que otra tarde en los happy-hour del Bajo. ¿Cómo es la onda? ¿En qué me he convertido? ¿Así de fácil soy? ¿No era yo el que contaba sus amigos con los dedos de una mano?
Pero no desesperen. La rehabilitación es posible. Mírenme a mí, si no: estoy limpio. Pese a que creía que el contrato con Facebook era una cosa de por vida, algo parecido a venderle el alma al Diablo, el método de desafectación es bastante sencillo. Al principio entré en pánico, como todo discapacitado digital. Pero después mi amiga Yamila, mi Libertadora, mi ángel guardián, me tranquilizó con un mail instructivo:
"Plot, descubrí (yo solita, mirando) cómo borrarte del Facebook! Es una idiotez; estuvo ante nuestras narices todo este tiempo... Paso a paso:
1- Abrís tu perfil
2- Arriba, a la derecha, al lado de HOME dice ACCOUNT, clickeá ahí
3- Abajo, clickeá en DEACTIVATE ACCOUNT
4- Elegís la razón por la cual estás cometiendo semejante sacrilegio vs los dioses de la web 2.0
5- Listo el pollo!"
Fácil, ¿no? Y el regreso es más fácil aún. Mientras te estás yendo te dicen que siempre tendrás las puertas de Facebook abiertas. Un poco como lo que te dice tu vieja (si te quiere bien) cuando te vas de su casa. O lo que debería decirte un párroco mientras le das la espalda al Cielo. Y debo decir que esa rendija completó la sensación de paz que me dio el renunciamiento. Después de todo, a nadie le gusta perder 88 amigos en un solo golpe de mouse.
Que mi lista de contactos sepa entender. No voy a estar ahí para escribirles en el "Wall" (nunca lo hice, de todos modos) o para seguir los fotogramas de sus apasionantes aventuras cotidianas. No voy a estar ahí para histeriquear con maestras de grado ni para adherir a ningún contrapiquete virtual. Adiós colegas, adiós ex jefes, adiós pimpollitos asiáticos y compañeros de banco que me alientan a saber qué tipo de ameba soy. Adiós, my friends. Que Dios los tenga en la gloria de Silicon Valley.

Autor: Pablo Plotkin
El viernes pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner "inauguró" las nuevas oficinas locales de Google, ubicadas en uno de los docks de Puerto Madero. Pero casi nadie aclaró que la empresa opera desde hace tiempo en el país y que esas oficinas ya habían sido inauguradas (o, al menos, formalmente presentadas a la prensa) hace casi un mes. Con lo cual, el acto tuvo más de político que de noticia.
Los "problemas de agenda" que motivaron su ausencia en la verdadera apertura parecen haber venido como anillo a dedo. Tras 90 días de un conflicto con ?el campo? que no hizo más que desnudar (una vez más) lo atravesado y signado que está el país, en pleno siglo XXI, por la economía agraria, ¿qué mejor que mostrar a la presidenta en el marco del "arribo" de una de las compañías de tecnología más grandes de mundo?
Más allá de los atractivos de costo-beneficios que ofrece Argentina en el rubro IT (principalmente, personal muy capacitado a bajo precio), aparentemente el "arribo" de Google a Buenos Aires (desde donde comanda todas las operaciones de América Latina) tuvo que vencer cierta negatividad y escepticismo del ámbito local, algo que Gonzalo Alonso, director de la firma, calificó como "efecto tango" durante el acto, en alusión a ciertas características pesimistas de la mentalidad argentina.
Cual sahumerio para ahuyentar la mala onda, la presidenta afirmó, en contraposición a esa idea, que "con esta radicación de Google, los argentinos optamos por el efecto rock and roll. Empresas, optimismo y para adelante".
La frase es tan simpática como desafortunada por coyuntura y por connotaciones. El rock es, entre muchas otras cosas, además de optimismo y "buena vibra", frivolidad y descontrol, dos ítems discutidos de la gestión K. Pero estas palabras más bien parecen acto reflejo de las actuales (pre)ocupaciones del Gobierno: tapar bajo un falso positivismo ya no solo cualquier "crítica", sino cualquier análisis u observación de la realidad, porque son consideradas como ataques.
Así, se combate la inflación positivizando al INDEC, o se intenta crear un observatorio de medios para la gente no vea Todo Negativo. Pero no es cuestión de pintar de rosa para cubrir lo negro, ni de cambiar tango por rock. El género no importa cuando la canción es siempre la misma.

Autor: Maximiliano Poter
"Agarró un matafuegos y destrozó la habitación" explicaba la dueña de un hotel de Los Andes, momentos después de que Charly García, de él hablaba la mujer, fuera llevado por la fuerza, atado a una camilla, a un hospital de la zona. Más tarde nos enteramos que este acto fue llevado a cabo al grito de "Soy Charly, traigan whisky y Rivotril", ya la frase del año. Hace unos años habríamos recibido la noticia con una mezcla de incredulidad y admiración. Hoy, nos quedamos esperando que Charly mire a cámara y grite: "¡¡rockanrolnn!!". La perfecta parodia de Diego Capusotto y Pedro Saborido sobre el abanico de gestos y excesos "rockeros" de nuestras estrellas hace que ya no puedan ser tomados en serio. Lo mismo que antes nos parecía algo asi como la exposición y destrucción de todas las convenciones sociales en un grito primal de libertad, hoy, vía Pomelo, se nos revela como un berrinche caprichoso y algo triste. Cuando una parodia funciona, no hay vuelta atrás. Como explican los viejos maestros de la escuela formalista rusa, la aparición de la parodia señala el agotamiento de un procedimiento. Desde que aparece la parodia, lo parodiado es cliché, es viejo. Charly aprendió la etiqueta rockera de las estrellas de los sesenta cuando el escándalo era significativo porque aun podía ser considerado un gesto político. Tras años de fotos, tapas de revistas, películas, leyendas urbanas y biografías más o menos apócrifas, tras la repetición infinita de sus tópicos en todos los medios, algo cambió en el rock y, sobre todo, en nuestra forma de mirarlo. "Escupir a un policia es rock" dijo Charly en un viejo soundbyte repetido por la tele en la tarde del lunes. Y nos parece que lo esta diciendo Capusotto. Sus gestos se vaciaron, se agotaron y se volvieron parodiables. Capusotto / Saborido se dieron cuenta. Charly también, y hace 20 años, pero después se olvidó. Resulta desalentador que la misma persona que compuso "Demoliendo hoteles", muchos años después de esa canción, siga destrozando habitaciones (aunque de menor categoría) como si ese gesto fuera el rock en estado puro, como si el tiempo no hubiera pasado y su canción no hubiera existido. Tras conocer estos episodios, pensamos, imagino, que lo más lamentable de Charly es que sus nuevos gestos y sus nuevos discos se sobreimprimen al resto de su obra y nos dejan sólo con la parodia.
El párrafo anterior fue escrito en la noche del lunes. Al otro día, llegó más información. Parece que lo que pasó en Mendoza fue algo más que un exceso rockero y el episodio se pareció un poco a un brote psicótico. Actualmente, a las 2 de la tarde del martes, Charly está sedado en un hospital sin que nadie se haga cargo de él. No parece que amigos, manager o familiares hayan ido al lugar. Su estado de salud es delicado porque, además de todos los desajustes químicos, padece pancreatitis. Una cosa es un capricho de divo, un escándalo "pour la galerie" y otra distinta, la enfermedad. Esta vez la parodia se repite como tragedia.

Autor: Hernan Ferreiros
Otra vez el sexo es el tema en Tell Me You Love Me (los domingos a las 22), estreno de HBO que retoma la trama de alcoba en la línea que propuso primero Californication, con David Duchovny, y luego In Treatment: donde hay amantes tiene que haber problemas. Y hay consultorios terapéuticos, caras largas y una frase que se escucha invariablemente en algún capítulo, en este caso en el primero: "Tenemos que hablar".
Por momentos, da la sensación de que, saturado el consultorio de sexólogos célebres como Alessandra Rampolla (que con Las claves del placer, en Cosmopolitan, vuelve a hablar de lo mismo ya sin el impacto de su primer reinado), la consulta se trasladó a la ficción, aunque lo que se diga en el consultorio de la sexóloga Dr. May Foster interese bastante poco a falta de una interpretación más compleja que se ligue a la teoría freudiana y no a esa mala costumbre de los guionistas de divanes múltiples: poner en boca del psicólogo "los comentarios -como señalaba Hernán Ferreirós en una entrega anterior referida a In Treatment- que haría un lector de Bucay con veleidades de perspicacia".
Entre estos amantes, que aquí siempre padecen más de lo que gozan, se destaca Carolyn (Sonya Walger) que, luego de su participación como Penny Widmore en Lost, vuelve a la ficción en la piel de una mujer casada obsesionada con embarazarse. Le toca la escena más poderosa del primer capítulo: masturbación al esposo para comprobar la calidad del esperma a primera vista. Poco antes, para complejizar el cuadro, él le había reprochado sentirse tratado como un mero semental. Carolyn, corporate girl determinada a triunfar en la oficina como en la cama, es de las criaturas con más matices que prevé la trama de Tell Me You Love Me.
El protagónico absoluto, como pasa en In Treatment, es de la actuación, con fe en que se puede hacer una ficción teatral en contraste con la acción vertiginosa y el cuento fantástico de otras series hegemónicas. Hay pocas locaciones y tomas prolongadas que apuestan a la capacidad de emocionar de un gesto y a los climas antes que la intriga. Pero los problemas sexológicos se devoran muchas veces a los personajes, cuyos nombres propios quedan opacados detrás de estereotipos.
Las previsibles afecciones sexológicas que -se sabe de antemano- deberían corresponder a cada edad (según el corte generacional que plantean las tres parejas) conspiran contra el esfuerzo actoral: no hay suspense en el caso del marido al que, después de trabajar, siempre le duele la cabeza. Los diálogos dejan ese regusto a cosa ya escuchada desde el síndrome del último beso cuando el soltero perturba la víspera del casamiento con su dilema sobre la fidelidad hasta el de la señora de nadie, cuando la intocable se queja ante la terapeuta de los desplantes sucesivos.
La acción cobra otro vigor con las coreografías amatorias, que dan un paso más allá del porno soft del cable de las trasnoches de The Film Zone: se pierde temor a mostrar, sin cálculos sobre cómo tapar los genitales ni simulaciones forzadas de apasionamiento. Se percibe cierta insistencia de la directora Patricia Rozema en reaccionar contra el énfasis que ponen otras ficciones en los atributos femeninos; aquí ella privilegia reiteradas tomas de culos, bolas y masturbaciones de los tipos que colocan a Sex and The City en la prehistoria de la crónica íntima. No recuerdo otra serie que haya llegado tan lejos en la exposición del cuerpo como Tell Me You Love Me: sus naturalezas vivas son siempre espontáneas; las posiciones amatorias de su kamasutra básico desconocen falsos pruritos y miradas pacatas dejando aparecer a la cola blanda de Carolyn o el pito chico de Palek (los esposos obsesionados con tener un hijo). El pacto de verdad de estas escenas de sexo indica, además, que no habrá photoshop para arreglarlos ni plano que pretenda disimular la imperfección de las partes. En el defecto físico -opina Rozema desde sus ángulos de cámara- hay también una belleza.

Autor: Julian Gorodischer
Luego de hacerse fuerte en el mundo virtual, a My Space le llega el turno de materializarse en nuestro país. Y el grupo de Adrián Dárgelos será el encargado, el próximo martes 10 de junio, de dar el puntapié inicial a las actividades locales del gigante de las redes sociales.
Las entradas para el show se pueden conseguir mediante algunos requisitos previos: es necesario estar registrado a MySpace, luego hay que sumar a Secret Show Argentina, como amigo y esperar las novedades. Entre ellas, el lugar de realización del evento que, por ahora, no se conoce.
La operatoria local concentrará a áreas de marketing y comerciales, buscándose meter en el creciente negocio de la publicidad on line. Víctor Kong, el Director ejecutivo de My Space Latinoamérica, aseguró que la oficina local contará, en principio, con 20 personas. Y el objetivo es que toda la operatoria latinoamericana se concentre en Buenos Aires en breve.
MySpace forma parte de Fox Interactive, el grupo de medios de Rupert Murdoch. Es, junto con Facebook, Hi 5 y Orkut, una de las comunidades virtuales más grandes del mundo, con 116 millones de visitantes únicos al mes.

Autor: Iván Adaime
Apuesta interesante y riesgosa la de Discovery Communications, que este miércoles presentará en Estados Unidos Planet Green, la primera señal de cable (yo no recuerdo otra) exclusivamente dedicada al estilo de vida natural o ecológico.
El canal tendrá una grilla que tocará las cuestiones ambientales desde diversos tópicos (moda, viajes, trabajo, alimentación, tecnología) a través de varias producciones originales, como magazines (Hollywood Green), series (G Word, Alter Eco) y reality shows (Battleground Earth). También se valdrá de muchas caras famosas para llevar adelante su programación "verde", como Adrian Grenier, protagonista de la serie Entourage, y los músicos Ludacris y Tommy Lee, entre otros.
Según declaró una ejecutiva de la emisora al NY Times, "este es un canal de eco-tainment, diseñado para involucrar a la gente en lo verde". Lo cual me hace preguntar: ¿hasta qué punto el entretenimiento puede llegar a tapar el mensaje? Es muy probable que las propuestas ecológicas tengan más impacto bajo el formato de la "diversión" y desde la boca de una celebridad, pero ¿por qué siempre parece que nos tienen que vender el hecho de tomar conciencia, como si esta fuera un producto?
Esto me hace acordar a muchas de las publicidades de equipos o métodos para hacer ejercicio, que hacen hincapié en lo divertido del sistema más que en los beneficios de hacer actividad física en sí. En definitiva, lo importante no es correr para bajar el colesterol, sino que hacerlo con el Orbitrek es más entretenido (¡y lo podés usar mientras mirás la TV!)
Disquisiciones personales aparte, es innegable que lo verde es "la marca" del momento y vende. En un post anterior ya habíamos comentado sobre cómo esta tendencia está impregnando incluso a las empresas tecnológicas. Como bien dice un analista en el mencionado artículo, "verde es una categoría en la que las compañías quieren estar. No importa si sos un fabricante de autos, un banco o una petrolera: en tu plan de marketing hay algo que refiere al medioambiente".
Esto, a veces, provoca resultados nefastos (¿se acuerdan de la publicidad de los pececitos de Shell?). Por ejemplo, que la General Motors, empresa que fabrica numerosas 4x4 que son verdaderos vampiros de nafta, sea uno de los sponsors exclusivos de Planet Green y que, según un acuerdo comercial, varios de sus vehículos aparezcan en diversos programas.
Veremos qué nos trae la nueva señal además de entretenimiento y contradicciones.

Autor: Maximiliano Poter