

Si pasan seguido por acá sabrán que cuando me toca cubrir para otros medios o cuando voy a un recital por puro gusto generalmente aprovecho y hago una cobertura paródica para Pop Life, con intervención de Roberto y demás. En ese plan fui el sábado a Vélez, un poco fastidiado por tener que moverme hasta la República Separatista de Liniers pero a la vez contento por ver a una banda de la que alguna vez fui fan: los reformados Viejas Locas, ese grupito que cuando tenía dieciséis años me mostró que había una adaptación -berreta, zarpada, todo mal, pero sincera- al lenguaje que manejábamos en las veredas de Wilde de lo que proponían mis venerados Stones. Lógicamente después crecí, entiendo que evolucioné musicalmente y la banda de Pity pasó a ser un lindo recuerdo, uno que no me avergüenza en lo más mínimo porque no está nada mal gustar del rock precario, salvo que sea esa tu única opción o tu estándar de calidad musical (así como está bien reírse de las estupideces de Pop Life siempre y cuando sepas que está García Márquez al alcance de la mano, por decir algo). La idea, entonces, era hacer carne aquel recuerdo siendo un periodista de 30 años que en algún momento fue un inadaptado social de 15 que se compraba Topper rojas. De alguna manera iba una fiesta, usando la palabra que los pibes repetían todo el tiempo antes de entrar. Y usando con justeza un lugar común de los noticieros amarillistas escandalizados cual señora paqueta de Barrio Norte, les digo sin exagerar que me encontré con una tragedia. Tanto que no, no me causa gracia, me genera otras cosas que por una vez me permito transmitirles en lugar de la pavada graciosa de todos los días. Sabrán disculpar.
Lo que pasó ya lo saben, y si no, acá tienen la crónica de Javier Sinay y Emilio Zavaley. El tema es ver por qué pasó lo que pasó, y ahí es donde se multiplican las versiones: algunos dicen que los pibes que querían entrar sin tickets hicieron bardo, otros que la policía se excedió en la represión, muchos señalan a los errores de organización y no falta quien acuse a la barrabrava de Vélez de provocar a la gente y generar desmanes. Como sea, demos por sentado que se dio una conjunción diabólica de todos estos factores, pero igual: todo duele y es horrible y condenable, pero me quiero concentrar en la gente, porque para el público de rock yo quiero otra cosa.
Primero, porque lo de la monada que quería entrar de prepo no me lo contaron: lo escuché y lo vi yo. Las inmediaciones de Vélez (y el 109 que me llevó hasta ahí) estaban llenas de pibes enorgulleciéndose a viva voz de no tener entrada y luego tirando botellas de cerveza contra todo lo que se movía (no eran todos, claro está, pero eran varios, y se sabe que para iniciar un incendio basta una chispa). Pero más allá de eso, lo que más incomoda es ver a un público que se llena la boca hablando de rock (o de rocanrol, ¿será lo mismo?) y a la vez teniendo la más antirockera de las actitudes, lumpenizándose al extremo para ganar puntos en un imaginario retorcido que los lleva a creerse el colmo de la rebeldía cuando en realidad no están haciendo otra cosa que ser funcionales a los que odian el rock, dándole pie a la policía para que desate su cachiporra fácil, permitiéndole a la organización ganar fortunas pese a su desidia y respondiendo a las provocaciones de 50 cavernícolas con una V azul en el pecho. El rock no es eso. Si algo nos enseñaron los padres de esta movida (los mismos Stones entre ellos, claro está) es que a nosotros nos gusta el rock, somos rockeros, vivimos por el rock y en función del rock, y por eso somos mejores que la cana represora, las megacorporaciones que se quieren llenar los bolsillos y las barrabravas de fútbol. La lógica dice que vamos a contramano de lo establecido, pero las reglas contra las que hay que pelear no son las que dicen que para entrar a un concierto uno debe tener un ticket que lo habilite. Dudo que los pibes que pusieron tanto empeño en meterse a los golpes hagan el mismo esfuerzo para luchar contra las injusticias del mundo. Contra eso sí hay que rebelarse y hacer algo. Eso sí es rock.
Párrafo aparte para la banda. Está claro que Pity no quiere ser ejemplo de nada y que tampoco tiene por qué serlo, pero si uno se expone a dar un show para 40 mil personas tiene que estar a la altura de las circunstancias en todos los aspectos posibles, porque ser responsable no es prerrogativa de un modelo social: es de adulto. Si Pity no estaba mentalmente apto para esto debió evitarlo, o al menos alguien lo tendría que haber protegido, porque... ¿se lo imaginan dando una conferencia de prensa para aclarar los tantos, como hizo el Indio cuando pasó lo de Olavarría? Cobrarle a los fans 100 mangos, fisurar, darles un show horroroso y además de todo eso no tener la capacidad para decir nada respecto de las calamidades que pasaron en la puerta tampoco es rock. Porque está claro que Pity no puede hacer otra cosa, pero resulta que alguien ganó mucho dinero, un pibe está en coma y, ¿vamos a señalar a la policía, los barrabravas y los empresarios otra vez? ¿De nuevo nos vamos a victimizar, vamos a evitar la autocrítica y decir que nadie del rock tiene nada que ver con esto? Insisto: si los rockeros (la gente, la banda) actuásemos como auténticos rockeros en una situación como esta, nada de esto sucedería, ni con la peor policía del mundo ni con Hitler organizando.
Entro a los foros y leo que Viejas Locas se lució, que fue una fiesta, que la cana, que los hinchas. Y más me convenzo de que lo que menos hubo en Vélez el sábado fue rock (¿dos, tres, 40 mil Pomelos?). El rock es, ante todo, juicio crítico, capacidad de pensamiento y ganas de hacer algo para mejorar el mundo: lo otro es reviente vacío y vandalismo idiota que sólo sirve para que ellos, los que nos odian, nos odien cada vez más, y encima tengan argumentos para convencer al resto de la sociedad de que somos peligrosos. Repito: lo de la organización, lo de la policía y lo de la barrabrava es execrable, penoso, criminal. Pero nosotros somos mejores. No nos banquemos la que venga, no nos resignemos ni caigamos en pseudo rebeldías idiotas. Pensemos, actuemos en consecuencia y, por una vez, seamos rock.

Autor: Diego Mancusi

Rolling Stone Rock & Roll Daily

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