

Señores... la semana pasada, si queríamos ver música en vivo teníamos que caer en un show de Emmanuel Horvilleur en la Isla Maciel, y resulta que dentro de un mes tocan Paul McCartney, Ringo Starr y los fantasmas de John Lennon y George Harrison y hasta Pete Best, pero todos en distintas canchas y el mismo día. "¿Qué pasó?", me pregunté, y bajé a tocarle timbre a mi vecino de abajo Ricardo que tiene una banda y de esas cosas la sabe lunga.
Iba a entrar lo más pancho como siempre, pero me paró una rubia que justo estaba raspándole con una Gilette eso de "Disco es cultura" a unos CDs de Airbag. "Mancu, Ricardo no lo puede atender hoy", me dice. "Pero nena, ¿vos quién sos?", le pregunté. "¿Sabe qué pasa, Mancu? Ricardo firmó contrato con Pop Art ayer. Ahora tiene formas más rockeras de disponer de su tiempo libre, como por ejemplo atornillar gallinas al cielorraso. Yo soy la acompañante terapéutica". "Pero nena -insisto, porque era una nena, no debía tener más de 18-, ¿terapéutica de qué? Si este se cortaba y se dejaba infectar la herida con tal de no tocar el alcohol". "Hasta ayer, Mancu. El contrato dice que tiene que ser adicto, por lo menos, a una sustancia ilegal. De lo contrario no le pasamos el disco en Radio Disney". Anonadado, le dejé un saludo para Ricardo, me acomodé los anteojos y llamé a Roberto, el que acredita para los festivales.
"Sí, qué tal, ¿está Roberto?", le pregunté a una chica que, si no era la hermana de la que adulteraba los discos de Airbag, pegaba en el palo. "No señor Mancu, justo salió a almorzar", me dijo. Claro: eran las siete de la tarde, era un poco raro, pero nunca se sabe con esta gente, vio. "Nena -son todas nenas al final, los nenes de ahí a esa hora parece que están contando la guita, no sé- decile a Roberto que me atienda o le regalo mi pulserita para entrar al VIP de los festivales a Pil Trafa.
Ahí atendió y hasta me habló.
- ¡Mancu, querido! Tengo una buena y una mala noticia para vos.
- ¿Ah sí? Bueno, decime la buena primero.
- La buena es que, pese a que nos das con un fierro todo el tiempo, decidimos seguir acreditándote a todos los recitales.
- ¿En serio? Qué alegrón, che. ¿Y la mala?
- Que la semana que viene tocan Kapanga, La Mancha de Rolando y Los Tipitos.
Solito se me fue el tubo al teléfono de vuelta, ni llegué a preguntarle nada. Como tiro me acomodé los anteojos y salí rajando para el Festival Revolucionario por la Unión de Latino América, el FRULA, que se hacía en el único lugar que dejaron abierto en Buenos Aires: la terraza de la casa de Rodríguez Larreta.
Estaba por entrar cuando me abaraja mi amigo el manager José Vendehumo y me dice: "Mancu, tengo la banda que la va a pegar. Megamoco se llaman. Son de San Isidro, pero dicen que viven en Lanús por marketing, viste". "Ah, ¿pero que tocan?", le pregunté, mientras me tanteaba el bolsillo de frac para ver si seguía teniendo la billetera. "No sé, Mancu. Vos escuchalos: si ves que vienen bien, me decís y le pago un profesor al guitarrista para que aprenda un acorde más. Con cuatro ya va a andar bien. Si no, no voy a andar gastando plata al pedo. Y aparte: ¿qué toca Árbol?". Yo, cómo no supe qué contestarle, ahí nomás apreté el turbo de los patines y casi me llevo puesto al guitarrista de la Bersuit, que vendía sushi de queso quartirolo a 130 pesos la pieza y no daba abasto. "Hay que rebuscárselas, Mancu, Cordera sigue paseando en sunga por Uruguay", me dijo. Y tiene razón, pobrecito.
"Escúcheme Mancu: de esto se sale con sacrificio y rocanrol o no se sale más", me tiró un Ramiro Cerezo preocupadísimo porque con toda esta cosa de la electrónica los temas del Indio son cada vez más difíciles de imitar. Discutimos hasta que se lo llevó su acompañante terapéutica -él también tiene, claro-, pero antes de irse me regaló un preservativo que decía "Con esto, dos pasos: úselo y tírelo. Con nuestros discos, con uno solo de los dos pasos alcanza".
Entro y me encuentro con que desalojaron la carpa de prensa porque se armó un tole tole por un canapé, y estaban todos los periodistas en la puerta anotando cosas en una libretita y recitando como un mantra la letra de un tema de Invisible mientras tocaba El Bordo. Y ahí me di cuenta: el que siempre la tuvo clara fue Spinetta. "Mañana es mejor", decía. Pero no era de optimista, eh. Era como el cartelito del almacenero, ese que decía "hoy no se fía, mañana sí" y el tipo lo dejaba pegado todos los días, ¿se entiende? Así que, muchachos sigamos nomás persiguiendo la zanahoria, que total hay dos cosas que nunca nos van a poder quitar: lo bailado y el trauma acústico.
Por eso les digo, mis queridos chichipíos: la neurona atenta, vermouth con papas fritas y... good show!
(Humildísimo tributo rockero al Actor Cómico de la Nación, que tanta falta nos hace. Lean la biografía escrita por Carlos Ulanovsky que salió hace unos meses: van a entender todo).

Autor: Diego Mancusi

Rolling Stone Rock & Roll Daily

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