Para resucitar con estilo tras cinco días sin conocimiento, uno debería abrir los ojos y entonar "Girlfriend in a Coma" de los Smiths o "Coma" de Guns N’ Roses, o a lo sumo gritar un gol de Comitas, el Mullet de Oro ad eternum. Pero no, hay gente que se inclina por el pop sueco, como Layla Towsey, una nena inglesa que por suerte mejoró milagrosamente tras sufrir de meningitis y luego arruinó todo al levantarse cantando "Mamma Mía" de Abba.
La prensa califica a este suceso de "milagro", obviamente refiriéndose al hecho de que todavía alguien se acuerde de ABBA y encima quiera vivir en vez de rogar a gritos que lo pase por encima un Scania manejado por Chilavert. "¿Lo de la nena? See, qué sé yo, re loco", declaró el doctor Nick Riviera, médico a cargo de apretar play para que salga la pista de karaoke al momento de la recuperación de la pequeña.
De todas formas, este está lejos de ser un caso único en el mundo. Vieron cómo somos los periodistas: cuando pasa algo raro, inmediatamente tratamos de encontrar ejemplos parecidos, y en Pop Life nunca somos excepción de nada. Por eso, aquí les ofrecemos otras situaciones similares acaecidas en distintas locaciones del globo, mucho menos difundidas que la de la pobre Layla.
- El 32 de agosto de 1998 en Totoria, un pueblito de Centroamérica que ahora es un lago (y encima se está secando), la pequeña Jennifer Gómez se despertó de un coma de quince minutos cantando el tema ese de Arjona que habla de la menstruación. Para los médicos fue invaluable: se ahorraron la tomografía computada y dictaminaron inmediatamente que había daño cerebral irreversible.
- El 25 de mayo de 1810 en Fuckenheim, Alemania, el niño de 37 años Hans Fitzgerald Sprocket se come un Topolín vencido y queda en estado de punto y coma (que es como el de coma pero un poco más jodido) durante ocho días y ocho noches, con traslado, media pensión y excursión al Cerro Catedral. Luego abre los ojos y se canta el último disco entero de Ashlee Simpson, gracias a lo cual un enfermero espera que se rajen todos, aprieta un botón de queruza y lo pone a dormir un ratito más.
- El 127 de juliembre de 2007, el jovencito de ocho años Arnaldo Tagarna ve caer un bulto de una obra en construcción y decide cabecearlo para clavarlo en un ángulo como su ídolo el Cuqui Silvera, con tanta mala suerte que el bulto no era otra cosa que un ser humano que termina produciéndole un estado de coma no muy agradable. Tres días después se despierta balbuceando incoherencias apenas audibles, y en ese mismo instante le buscan un bajista, un baterista y un guitarrista y le consiguen un currito como telonero de La 25.

Autor: Diego Mancusi

Autor: Diego Mancusi
Aún escandalizado por el uso de esa infame palabrota en el título y a punto de llamar a la Liga de la Decencia para denunciarlo (todos sabemos que hablar bien no cuesta un carajo y trae unos beneficios de la gran puta), es mi deber señalar lo mucho que me interesó el post de Maxi Poter sobre el final de American Idol, el cual me hizo recordar algo: a diferencia de lo que le sucede a mi colega, yo aborrezco ese programa, lo detesto, cuando lo pasan prefiero cambiar y ver a Bonelli y Sylvestre tartamudeando en TN antes de fumarme una hora de ese esperpento. Y entiendo, por lo que pude escuchar entre gente allegada y leer en blogs y demás medios, que esa impresión mía es una de esas cosas que deambulan en el limbo de la inteligentzia rockera, esas cuestiones tácitas pero obvias a las que muchos adherimos casi involuntariamente por el sólo hecho de ser cómo somos, para marcar las diferencias entre nosotros, los hipsters que escuchamos a Crimson, y ellos, los squares que se copan con Claudio Basso (¿qué será de la vida?). Por eso me pareció interesante la argumentación de Maxi a favor del programa, y también por eso creí conveniente tratar de darle una explicación racional a mi rechazo visceral. Así que aquí vamos.
Las opiniones en torno a este tipo de programas (léase: American Idol, Operación Triunfo y demás realities con señoritas y señoritos más interesados en ser popstars que artistas) suelen ser extremistas: para algunos son un display de genialidad inagotable y para otros son la muestra más acabada de la decadencia de la civilización occidental, los mismísimos culpables de que no salgan nuevos Dylans, Lennons o Manowars. Y no, la idea es parar la pelota y darse cuenta de que uno puede no disfrutar de este tipo de concursos televisados sin que ello implique atribuirle más nocividad de la que tienen. A mí, ya dije, no me gusta American Idol, pero cabe aclarar que tampoco lo considero monstruoso, nefasto y trágico: sólo tengo dos razones para decir que me parece feo y, en algún punto, un poco perjudicial. Que al fin y al cabo no es más que un programa de TV, demonios.
Razones, decíamos. Lo primero que me genera disgusto es el talento desperdiciado, tanto de los que quedan como de los que no. Es innegable que muchos de los que pasan por esas audiciones son grandes cantantes (de hecho, Adam Lambert sin duda lo es). Algunos de los que van al casting son inmundos, pero varios de ellos, quizás siendo artistas brillantes pero no ajustándose a lo que se necesita para el programa, son bastardeados y rechazados por un jurado integrado por Paula Abdul (podría decir algo sobre ello, pero sigamos...) que necesita sí o sí descartar gente para que el show pueda funcionar. ¿Cuántos tipos con potencial, en plena búsqueda de su propia voz y estilo, se habrán desanimado por el maltrato de Simon Cowell, largado todo y puesto una ferretería en Anaheim, California? No deben haber sido pocos.
Pero también están los que sí quedan, y ellos tampoco ganan nada. Porque empezando de arriba sólo podés bajar, y la prueba está en la cantidad industrial de estrellas fugaces que genera este tipo de programas. El mismo concepto lo reafirma: felicitaciones, sos el Ídolo Americano, pero tené en cuenta que el año que viene marchaste, porque con la nueva temporada alguien te va a reemplazar. En Estados Unidos es un poco diferente (Kelly Clarkson sigue vendiendo, Clay Aiken todavía es una especie de celebridad bizarra), pero no puedo dejar de pensar en qué habría sido de esta gente si en vez de pugnar por ser figuritas se hubieran dedicado a perfeccionarse, curtirse y llegar por el camino correcto. Quizás hubieran fenecido en el trayecto, pero talento les sobra, así que muy probablemente no. Pregúntenle a Milton Amadeo, por ejemplo: un músico muy interesante que la cagó pegándose el estigma Mambrú de por vida.
Y el otro motivo es 100% musical: odio la homogeneidad, el brillo constante, la pátina de Celine Dion que le enchufan a cada pibe que agarra el micrófono en esos lugares. Allí todo es prístino, y la diversidad que hace de la música un universo inasequible y por lo tanto irresistible queda ninguneada bajo la necesidad de conmover a nuestras madres. Insisto: todos son grandes vocalistas con un talento infinito, pero si cantan swing tienen que sonar como Michael Bublé (a propósito: felicitaciones, campeón del mundo) y no como Dean Martin, o se van a casa. Si hacen soul, copien a Mary J. Blige pero nunca a la Tina Turner de los 60, por favor (con la de los 80 está todo bien). ¿Rock? Freddie Mercury o muerte, jamás un Jim o un Van Morrison, ni que hablar de Cash o Dylan (Bob, de más está decirlo, quedaría descartado en la primera audición, aunque... ¿lo ven presentándose?). Los cantantes de laboratorio son impecables, como si vivieran en una eterna comedia musical. Y a mí no me gusta lo impecable: amo la mugre, y creo en ella como forma positiva de expresión y premisa artística. Estimo que, como están las cosas, nadie necesita más reducción y simplismo: por el contrario, lo imprescindible es la expansión, la multiplicación de opciones, el cultivo de la pluralidad. No veo eso en American Idol.
Se puede decir que tampoco es para tanto, que estos programas no son "música de verdad" sino un show con luces de colores y vestidos bonitos para un prime time ATP. Y es cierto, pero no dejan de preocuparme los paradigmas que establecen, sobre todo en los más jóvenes: que cantar así está bien pero hacerlo de cualquier otra manera es horrible y merece el escarnio, que los músicos (¿la música?) son descartables y que -hilando más fino todavía- sólo se triunfa haciendo muchos puntos de rating en televisión. También podrán señalarme que el show no puede hacerse responsable de la falta de juicio crítico de su público, y les respondo que sí, que tienen toda la razón, y es por eso que estoy planteando esto como un desagrado personal y no marchando al frente de una turba iracunda con antorchas pidiendo la prohibición (¡¿alguien va a pensar en los niños?!). Entiendo, incluso, que podría ser considerado una forma de arte, pero me preocupan los efectos colaterales y, corta la bocha, no me gusta ni un poco.
Placeres culposos tenemos todos: yo, por ejemplo, colecciono vinilos de artistas de soft rock setentoso de dudosa calidad y hasta los escucho de vez en cuando. Pero imaginen que viniera un señor y me machacara con que Christopher Cross es la posta y todo lo demás apesta, y con que si no canto igualito a él sí o sí tengo que dedicarme a la administración de empresas. Está claro que a mí no me convencería (puede que a algún otro sí), pero una cosa es segura: amigo de ese tipo no sería jamás.

Autor: Diego Mancusi
1) A días de su lanzamiento, Marilyn Manson confirma los rumores que indicaban que The High End of Low era un disco muy diferente a los anteriores.
2) Un nuevo programa se acerca a la pantalla del Canal de la Música: todos los días a la 1:00 AM llega Black Metal Kids, con la conducción de Manuel Wirtz. Después del programa de Carucha y antes del que conduce el cantante de Horcas.
3) Un pelilargo random haciendo el ridículo con un acordeón en un post escrito en cinco minutos porque tengo turno con el dentista y no llego.

Autor: Diego Mancusi
Desde que tuvimos aquel entredicho por mi análisis prematuro y prejuicioso de la tapa de Líneas, vides y tiempos de probar, las relaciones entre este humilde escriba y las fans de los Jonas Brothers han sido, cuanto menos, tirantes. Quisieron amenazarme telefónicamente pero llamaron a Rolling Stone USA, donde la recepcionista las instó a proceder con el desmembramiento de Mancusi, que total no tenía la más pálida idea de quién era (lo peor es que cuando llamaron a RS Argentina les dijeron lo mismo). Luego quisieron sabotear mi medio de transporte, pero descubrieron lo difícil que es pincharle las gomas o cortarle los frenos a un pony y desistieron. Teniendo en cuenta todo esto, me extrañó que El Jefe me mandara a cubrir el show de anoche, sobre todo sabiendo que ya había una colega asignada a esa tarea. Quizás de ahí vengan las risotadas que escuché en mi último paso por la redacción y la corona que dejaron en casa, sospechosamente firmada por "Jejeje... tus compañeros".
Con Miguel en el taller de equinos por alineación y balanceo, me dirigí a River en la Gilera de mi tío Cacho, la cual dejé encadenada al tobillo de Danilo Gerlo, toda una garantía de que la encontraría allí mismo cuando saliera. El siguiente paso fue encontrar, como no, a Roberto, el acreditador de prensa para todos los shows que se realizan en la Argentina, ya sea Iron Maiden en Vélez, Luciano Pereyra en el Colonial de Avellaneda, Superuva en el Colón u Ornette Coleman en Jesse James de Isidro Casanova. Una vez reunidos se produjo el siguiente diálogo:
- Hola Roberto, como estás. Quería preguntarte si tenés mi entrada.
- No.
- Dame la entrada, infeliz, o te corto las orejas y te las meto por el ocote para que escuches como te cago a patadas.
Y me la dio nomás, por las buenas. De modo que entré al campo, pasé por el puestito a comprarme un sambuche de mortadela de 357 dólares (ando dulce por estos días) y me dispuse a esperar a Demi Lovato, la telonera, a quien venía confundiendo con Zulma Lobato hasta que mi primita de cuatro años me dijo "no podés ser tan estúpido". Me sorprendió para bien Demi, un verdadero tifón made in Disney que conjuga la energía de un Bruce Dickinson con la contextura física de un tomate perita.
Entonces sí, las luces se apagaron y el trío de Nick, Kevin y "ahora no tengo Internet para fijarme cómo se llama el tercero" Jonas apareció en el escenario, dispuestos a rockear durísimo pero sin saber siquiera mínimamente cómo hacerlo. Ya desde el primer tema ("Don’t You See We Are Robbing You, Idiots?", lado C de su single debut My Mom Told Me to Do This But I Wanted to Be an Architect, la banda se mostró versátil e inquieta, con Nick demostrando ser el líder sólo por estar parado 35 centímetros más adelante que sus dos hermanos.
Los gritos provenientes de mi derecha me impidieron escuchar las siguientes ocho canciones. Convencido de que encontraría una niña desaforada junto a mí, decidí chequear y, no, en realidad tenía a una señora de unos cuarenta años haciendo con la garganta sonidos similares a los que se obtiene frotando un telgopor contra un vidrio, mientras su hija de 13 se tapaba la cara con ambas manos y pedía que la lleve la muerte. Solidarizándome con la teen avergonzada, volví a meter mano en mi billetera y compré una Coca Light de 1315 euros que procedí a vaciar en la cabeza de la señora, a efectos de bajarle la excitación. No funcionó.
Párrafo aparte merece el momento emotivo de la noche, un mini set de baladas con una sección de cuerdas aportadas por la Camerusa Villa La Angostura, grupo que reemplazó a la Camerata Bariloche cuando este respondió a la invitación con un terminante "ni en pedo". Joe (ahí volvió la Internet) después de cantar al piano "Can’t Poo", inspirada en el diagnóstico de su constipación precoz, forzó unas lágrimas, recordando aquellas largas e infructuosas sesiones en el excusado.
Pero pronto volvió el rocanrol, con el primer corte de su nuevo disco (y les juro que esto es verdad): "Paranoid", que por supuesto no es la de Sabbath. Tras ello llegaron "Inmigrant Song" y "Smoke on the Water", también homónimos de los temas de Zeppelin y Purple, pero nada que ver. Y por último "Black Metal", ahora sí cover de Venom, desmintiendo nuestra anterior aseveración de que se mantendrían alejados del género por un tiempo más.
El final fue abrupto e inesperado. Intentando perpetuar esa imagen de virginidad cachonda que los caracteriza, Kevin se sacó la camisa (como Manowar) y se echó un bidón de cinco litros de Levité de manzana encima, con tanta mala suerte que el líquido llegó a la línea de corriente y se pegó una electrocutada digna de un patíbulo texano. Tras el incidente barrieron sus cenizas y lo reemplazaron por otro Kevin, exactamente igual, quien cantó el último tema de la noche mientras sus hermanos se dedicaban a rascarse el pupo y jugar al Senku. Y entonces sí, se oyó una voz diciendo "tienen cuatro minutos para abadonar el estadio o centinela abre fuego", y todos salimos raudos hacia nuestros transportes. Danilo, obviamente, seguía inmóvil donde lo dejé, así que tomé mi Gilera y me dirigí a casa, donde escribí esa reseña en diez minutos y luego me dediqué a hacer lo que hago todas las noches: tratar de conquistar el mundo.

Autor: Diego Mancusi
Y así son las cosas, gente: habiendo pasado ya la reunión Pop Life, cuesta volver a encontrar una motivación, algo que me movilice para dejar de mirar DVDs de Amigos son los amigos tirado en la cama mientras como harina (porque no merezco más que eso) y la bajo con esa sidra que viene en botella de plástico. Por eso me establecí una nueva meta: quiero ser uno de esos tipos que arman los tests en el Facebook, esos que deciden de forma completamente random, por ejemplo, que si tenés la pierna derecha más larga que la izquierda, entonces tu vocación es ser vedette, atador de chorizos o administrador de empresas. De ahí que hoy les ofrezca este bonito quiz, pensado para Pop Life, pero también para integrar el curriculum que le enviaré a Juan Carlos Facebook en los próximos días, pidiéndole que me honre con el puesto en cuestión. A continuación, una breve prueba para saber qué banda horrible sos, de acuerdo a tus gustos, preferencias y demás sarasas.
1) Son las seis de la mañana de un domingo, saliste con una chica que te dijo que tenía 25 años pero tenía 12 y que, encima, resultó ser la hija de Luis Barrionuevo. Para colmo se te rompió la suspensión del Duna justo a la altura de Caraza y te patinaste los últimos cinco pesos que te quedaban en un paty bajonero en la estación Lanús. ¿Qué hacés?
a) Te sacás la camisa y te hacés un nunchaku con dos botellas de Mirinda y un cordón de zapatilla para enfrentar a las patotas que te abordan. Exterminados los malandras, te cargás a la piba al hombro y te la llevás a cococho hasta Constitución, donde te metés de guapo al tren y así llegás, siete horas después, sano y salvo hasta su casa. Si don Luis se enoja le metés un bife. Y después de eso te vas a un bar gay.
b) Cuando llegan huestes del mal llorás tanto que les das pena a todos, y la hija de dos Luis se te va con el Gordo Kerosene, famoso por haberse comido un dinosaurio vivo un Viernes Santo. Llamás a papá y te viene a rescatar en su helicóptero. Y después de eso te vas a un bar gay.
c) Cae la ficha de que era todo un tejemaneje para chorearle a la nena: los pesados de Caraza en realidad son tus súbditos y vos, en vez del General Assistant Junior que dijiste ser, sos el único tipo en la historia que logró escaparse de Guantánamo. Y después de eso te vas a reventar de caño un bar gay.
2) Ricky Martin te mira, te guiña un ojo y se pasa la lengua por los labios. Vos…
a) Te sacás la camisa y le metés 3598 puñaladas con lo primero que encontrás a mano, que resulta ser un pedazo de puré Cheff frío y petrificado. Luego le dejás en el bolsillo de la camisa ensangrentada un papelito con tu número de teléfono.
b) Lo publicás inmediatamente en Twitter con tu iPhone y te prendés al boricua como lechón a la teta.
c) Lo llevás a un cuartito y, una vez ahí, le calzás un castañazo atrás de la oreja que lo deja groggy, para luego apagarle puchos en la lengua hasta que logre morderse un codo. Te retirás triunfante con su tarjeta de crédito, dispuesto a comprar altas llantas.
3) Caminando por Montes de Oca para el lado del Riachuelo te cruzás con Ernesto Sábato, que te abaraja con el afamado epíteto "eh, amigo, pesopalabirra", cosa que a vos te exaspera especialmente. ¿Qué onda?
a) Te sacás la camisa, te untás aceite, le deseás la muerte al falso metal e intentás darle a Sábato una golpiza, pero el escritor se revela mucho más pulenta que vos y te llena la cara de aplausos, además de chorearte 150 pesopalabirra. Llorás como nena chiquita los siguientes dos meses.
b) Te aterrorizás y salís corriendo al grito de "¡Sábato me quiere robar, Sábato me quiere robar!", con tanta mala suerte que justo enfilás para el lado de la cancha de Boca en el momento en el que sale la hinchada xeneize después de perder 7 a 1 contra Deportivo Dengue de Chaco. Te pasás el resto del semestre cantando ese tema de Arjona que dice "el problema no es que duela, el problema es que me gusta".
c) El veterano te cae bien y lo terminás cobijando bajo tu ala. Le das un güiro para que use en la banda y un Mauser para que use en la otra banda.
Mayoría de respuestas A: Sos Manowar. Sos un duro y el rock pesado te cabe grosso, pero después de un incidente en las duchas del club descubrís que no es el rock lo único que te cabe duro, grosso y pesado. Vas al gimnasio desde que tenés tres años, y al nacer lampiño te viste en la necesidad de implantarte una mata de vello púbico donada por Blas Giunta en el pecho, a efectos de dar con el personaje. Sos un gil.
Mayoría de respuestas B: Sos New Kids on the Block. Te ponés pantalones blancos y sos capaz de perder un mano a mano con Oggi Junco. Las minitas se te tiran a los pies pero a vos te cabe más el bajista de Manowar, aún cuando el heavy metal te repugna. Lo más zarpado que hiciste en tu vida fue bajar una bayaspirina con Coca Light. Sos un pusilánime.
Mayoría de respuestas C: Sos La Ihuana Mary. No tengo nada que decir de vos, me caés re bien, un saludo a la familia, si necesitás algo llamame. Sos... lo que vos quieras, elegí nomás.

Autor: Diego Mancusi
Si hubiera que escoger una palabra que sintetice fielmente el espíritu de la primera reunión de autor y lectores de Pop Life, la elección sería indudable e inapelable: "Rulos". En efecto, el cabello ondeado fue la vedette de la noche, presente en gran cantidad en la sesera de quien esto escribe, pero también en las de Ragnar,federicostock,grupie333,keilwerth,PussyGalore (poquito, pero tiene), un mozo que tan gentilmente nos sirvió a todos y muchos otros. Claro que no todo fue enrulamiento: pupita1,le_monpay,Igriegate,esclava2005,MissClaverie,Vortizba y demás invitadas demostraron que buena parte del lado femenino de la mesa prefirió el lacio furioso (además de los que podemos identificar por su nick fueron varios "lectores silenciosos" y amigos, aunque supongo que algún nombre se me habrá escapado... no se enojen, déjenme las omisiones en un comment, por favor).
Como decía Cascarudo Pimentón en Cha Cha Cha: "Seremos boludos, pero somos una bocha". En efecto, más de 40 inadaptados nos reunimos en el Roxy a beber, conocernos las caras y hacer pavadas, resultando todo en un momento harto divertido para -espero- todos los presentes. Y como souvenir, la mayoría se llevó a su casa algún disco (¡gracias a Rosario Freixedes de Pop Art y Diego Perri de EMI!), en una gama de calidades que oscilaba entre Astral Weeks Live at the Hollywood Bowl de Van Morrison (bien por grupie333) y La matraca de Nino Dolce (¡qué lo disfrutes, Keilwerth!)
Sin más que hacer que agradecerles a todos el buen rato (y prometerles un ballotage para un momento no demasiado lejano), los dejo con una galería de fotos del evento, para que los presentes se reconozcan y los ausentes digan "ah, mirá, así que esa era Pupita". ¡Salut!

Autor: Diego Mancusi
"Un extraño es un amigo que aún no conocimos", leí una vez, escrito con Bic azul en la puerta del baño de un cabaret. Y las sabias palabras de aquel filósofo escatológico y putañero que firmó su reflexión como "Tito" me calaron tan hondo que todavía hoy, cuatro días después de haberlas conocido, las recuerdo y profeso. De ahí que dedique el post de hoy a la confraternidad entre nosotros, autor y lectores habituales u ocasionales de Pop Life, teniendo en cuenta que esta misma tarde/noche tendrá lugar en el coqueto barrio de Palermo la primera de muchas reuniones. Casi 60 personas confirmaron su presencia, aunque sabiendo lo colgados que podemos ser los que nos reunimos en torno a este blog (me incluyo: ya me pusieron un remis para que me pase a buscar y evite que me quede jugando a la Play en camiseta y medias) podremos ser la mitad o el cuádruple. Pero no importa: las razones para venir a la reunión Pop Life sobran, y desde aquí enumeramos algunas, para que vayan palpitando lo que viene, lo que viene.
1) Porque siempre es bueno tener la absoluta certeza de que en ningún momento de la noche se oirá Arjona, el meneaíto, provocamé (sic), reggaetón, Los Nocheros, Ignacio Copani, a tu vecina de abajo tocando las congas (un caso real), el motor de tu heladera prendiéndose de golpe o siquiera Hijos del Oeste.
2) Porque a las 19:30 en televisión tenés Diario de la Tarde con Eduardo Feinmann, Casi ángeles, el programa de Lucho Avilés, Hombre de Mar (con Gabriel Corrado), Más allá de los sueños (con Robin "Incordio" Williams), Mi abuela es un peligro 2, La guerra de los mundos, los Power Rangers, Mundo Teen y demás bazofias. No te perdés nada.
3) Porque la proporción de minitas y chabones confirmados es casi fifty-fifty. Quizás a alguno/a le interese esa cuestión.
4) Porque si no vas te vas a quedar afuera de los códigos. Cuando, por ejemplo, Ragnar le diga a Pupita en los comentarios de mañana "chaaaau, qué buena esa parte en la que el oso panda con la remera de Horcas imitó a Carmen Barbieri mientras se comía un sambuche de fiambrín con quinotos" vos no vas a entender una goma, mientras todos nosotros nos descostillamos de la risa como los trastornados que somos.
5) Porque hay un sillón re copante en el Roxy, mucho más piola del que tenés en tu casa, maldito pobretón.
6) Porque los insidiosos e innombrables trolls no van. Repito: NO VAN.
7) Porque si pinta el fans club de los JoBros a pudrirla le hacemos frente entre todos y luego nos vamos a casa con esa enorme satisfacción que da pelearse a cadenazos entre gases lacrimógenos.
8) Porque no podés desperdiciar la oportunidad de encontrarme, saludarme y decirme "meh, la verdad que en la foto parecías más flaquito" (otro caso real).
9) Porque te podés ir con un disco de Van Morrison, Royksopp o La Renga bajo el brazo. También con uno de Vilma Palma o Patito Feo, pero bueno, el juego es el juego.
10) Porque sí, demonios, qué te tengo que andar explicando tanto. Venís y listo, desacatado.

Autor: Diego Mancusi
Los recursos que ofrece el género documental son infinitos. Se han hecho incontables maravillas en su nombre: Born Into This (sobre Charles Bukowski), Heima (de Sigur Ros), When We Were Kings (genial relato de la famosa pelea entre Muhammad Alí y George Foreman en Zaire), incluso las denuncias de Michael Moore o los delirios de Zelig y Spinal Tap. Y así como hay gente que aprovecha todas sus posibilidades, también hay otros que están aburridos, les sobra plata y no tienen nada mejor que hacer que ponerse a filmar un documental sobre... Paris Hilton.
Efectivamente, Paris Not France (se llama así, de posta) fue dirigida por Adria Petty, más conocida como "la hija de Tom", y se estrena pronto en alguna ciudad que -por suerte- no es Buenos Aires. La idea es retratar las vicisitudes de la vida de la más descerebrada de las celebridades, con todas sus tragedias (rotura de uñas, herpes genital, falta de disponibilidad de Bentleys pintados de fucsia y demás) y alegrías (sexo con cualquier que se lo pida y demuestre tener más de diez millones de dólares, curarse del herpes genital, etcétera).
La cuestión es, ¿qué veremos en Paris Not France? Según le contaron los productores a Pop Life, el proyecto está "en algún lugar entre tres grandes del cine mundial: Orson Welles, Stanley Kubrick y Akira Kurosawa. O sea: muerto, bien podrido, hace rato". Pero puntualmente, ¿qué dato inútil conoceremos sobre la vida de esta desgraciada? A continuación, cinco adelantos de lo que encontraremos por allí.
- El documental comienza con una Paris recién levantada que se cepilla los dientes pero no escupe el dentífrico porque, bueno, no está acostumbrada.
- Como vemos en el tráiler, la rubia asegura que siempre quiso ser como la Princesa Diana y se lamenta porque ya no podrá parecérsele. Ahí es donde el microfonista se mete en cuadro y ofrece un auto y un túnel. Lo despiden.
- Otra cosa que vemos en el avance de más arriba: la reunión de marketing en la que un ejecutivo le explica que hay mujeres que, cuando le preguntan por Paris, dicen "Hilton" en vez de "Francia". Lo que no quedó en el montaje final es que, tras esa respuesta, la encuestada agregó: "... y Confucio inventó la confusión y fue uno de los chinos japoneses más antiguos, gracias".
- La aseveración de Paris de que se siente "una Barbie de la vida real" queda desestimada luego de que la muñeca demostrara tener mayor coeficiente intelectual por el solo hecho de no confundir un canapé con un moco.
- La gente de la empresa Tangee la contrata para recrear este viejo aviso, asegurándole que las únicas razones por las cuales fue elegida fueron "su talento y su belleza". Se escuchan risitas ahogadas.

Autor: Diego Mancusi
Adivine el epígrafe correcto:
1) Intoxicada con un coctel de jugo de kiwi-melón, whisky Criadores y trotyl, Miley Cyrus confunde a su primo Huguito con un micrófono inalámbrico durante su presentación en la Fiesta Nacional del Naranjú en Anaheim, California.
2) Miley Cyrus confirma que Disney la obliga a comer bebés como un tratamiento para mantenerse joven y seguir atrayendo al público teen.
3) Miley Cyrus recrea la escena en la que Apu Nahasapeemapetilon ve por primera vez a sus octillizos.
4) Miley Cyrus aterroriza a un pobre pibe, la muy sátrapa.

Autor: Diego Mancusi
Rolling Stone Rock & Roll Daily
La verdad sobre el fin de Pop Life
Alguien debía decir "basta" (420)
Aerosmith en Argentina... otra vez (326)